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» » La Fiscalía inició el alegato en el juicio por Automotores Orletti: "un universo tan atroz que resulta difícil de imaginar"

(30/05/17 - Lesa Humanidad)-.La Fiscalía contextualizó la inserción del centro clandestino en el sistema represivo y su intervención en la Operación Cóndor. Abordó el rol de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado en los crímenes y la participación del espía César Enciso, a quien sólo se le imputan cuatro hechos de secuestros, limitados en el acuerdo por el que se lo extraditó desde Brasil.
   
El fiscal general Pablo Ouviña comenzó este viernes la exposición de su alegato en el juicio que se le sigue a tres ex policías federales y a un ex agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) por crímenes de lesa humanidad perpetrados desde los grupos de tareas que actuaron en el centro clandestino de detención "Automotores Orletti", que funcionó entre el 11 de mayo y el 3 de noviembre de 1976 en un taller mecánico alquilado por miembros de la SIDE.

Con el desarrollo previo del contexto en el que se llevaron a cabo los delitos contra las nueve víctimas que forman parte del objeto procesal de este expediente y la descripción del plan criminal, el fiscal se introdujo en las particularidades de ese lugar, que fue un enclave local de la Operación Cóndor, asociado principalmente a la persecución y represión de ciudadanos uruguayos, chilenos y bolivianos. En efecto, parte de la prueba analizada en este debate ya fue abordada durante el juicio histórico que tuvo por acreditada la existencia de aquella asociación ilícita trasnacional.

Ouviña -que continuará la exposición este lunes- remarcó que los diferentes juicios por crímenes de lesa humanidad "son las consecuencias del mismo plan sistemático estatal" y que su análisis global "permitirá adquirir una visión conjunta de su universo". "Es necesaria esa visión conjunta, porque comprende un universo tan atroz que resulta difícil de imaginar. Que esa atrocidad sea difícil de imaginar tampoco es algo casual. Esto es así, porque no solamente fue un plan sistemático de represión. El ocultamiento y lo que implica la desaparición de personas, también fueron sistemáticos. Tuvieron una finalidad concreta. Eran formas de negar lo ocurrido, de lograr impunidad", definió antes de introducirse en la prueba.

En el proceso, que se lleva a cabo ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de la Capital Federal, están siendo juzgados el ex agente de la SIDE César Alejandro Enciso -extraditado desde Brasil, tras permanecer prófugo-, el ex principal de la Policía Federal que prestó servicios en la Dirección General de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal, José Néstor Gerrer, y los ex inspectores de la División de Asuntos Extranjeros de esa fuerza, Rolando Oscar Nerone y Oscar Roberto Gutiérrez.

En la planta alta de Orletti había "una gran máquina con la que se colgaba a las víctimas, haciéndolas pender con sus brazos colocados por detrás" y se "las bajaba y subía provocando que tocaran con la punta de los pies el piso, que había sido inundado de agua y sal gruesa".

"El debido proceso criminal"
Con sarcasmo, Ouviña describió "los pasos del debido proceso del plan criminal", que consistió en el secuestro clandestino y la desaparición, el interrogatorio bajo tormento ilimitado, el alojamiento y tratamiento inhumano y la liberación o la "disposición final", un "eufemismo del asesinato y encubrimiento de todos los rastros mediante la técnica de desaparición, esta vez, de los cuerpos de las víctimas".

El fiscal señaló que para la ejecución de la represión ilegal "se establecieron diversos tipos de mecanismos de coordinación y apoyo mutuo" entre las diferentes fuerzas represivas, que fueron "el establecimiento de comunidades informativas" para compartir la información de inteligencia y "el mecanismo de la liberación de área" para ejecutar los secuestros sin interferencias. En ese contexto, "el principal coordinador fue el Ejército, que quedó a cargo de la mayor parte de las jefaturas territoriales, y que llevó a cabo esta tarea a través de los Comandos de Operaciones Tácticas (COT), creados en todos los niveles de la división territorial", explicó.

Ouviña recordó que antes del diagrama del plan represivo, la SIDE producía "inteligencia estratégica Nacional y trabajaba para la Presidencia" y que "las unidades de inteligencia de los ejércitos trabajaban para el jefe de ese Ejército, Armada o Fuerza Aérea y para sus comandantes". Pero indicó que tras la Directiva 1/75 del Consejo de Defensa, la SIDE, que era un organismo con dependencia directa del Poder Ejecutivo, quedó bajo el control funcional del Ejército.

En ese sentido, señaló que la prueba recabada en la investigación da cuenta de que las operaciones llevadas a cabo por grupos de la SIDE fueron desarrolladas principalmente en el ámbito territorial del Comando de Zona 1 y también de la Zona 4, y que el grupo que actuaba en Automotores Oreltti "no lo hacía de manera independiente al resto de la estructura represiva, sino que tenía que coordinar sus actividades, tanto operativas como de inteligencia, con el resto de las fuerzas".

El fiscal indicó que se comprobó que en la estructura de la SIDE coexistieron como operadores tanto militares destinados “en comisión” como personal de esa Secretaría, agentes de inteligencia pertenecientes al Batallón 601 del Ejército, personal del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal y personal inorgánico, como lo eran muchos de los miembros de la denominada “banda de Gordon”, entre ellos, el propio Aníbal Gordon.

En efecto, Ouviña remarcó que los más vinculados a Aníbal Gordon, entre ellos el acusado Enciso, "se caracterizaban por haber tenido vínculos en años anteriores con la denominada “Alianza Anticomunista Argentina” o “Triple A” y por "participar de su ideología de extrema derecha y antisemita".

"La ideología antisemita de las personas que actuaban en Orletti se reflejaba en el trato que mantenían con los prisioneros y en el hecho de que en la habitación que Aníbal Gordon utilizaba en ese centro clandestino como oficina había colgado un cuadro de Hitler", describió el fiscal y remarcó que "otra característica de los integrantes de este grupo fue que sus motivaciones ideológicas no les impidieron llenarse sus bolsillos, aprovechándose de la posición de poder en que se encontraban respecto de sus prisioneros y de la impunidad que el sistema les proporcionaba".

Ouviña describió además el funcionamiento de Orletti y el tipo de torturas que se aplicaba a los prisioneros. Explicó que, una vez dentro del centro clandestino, las personas eran llevadas a un espacio de la planta alta "donde había una gran máquina con la que se colgaba a las víctimas, haciéndolas pender con sus brazos colocados por detrás" y que "las bajaba y subía provocando que tocaran con la punta de los pies el piso, que había sido inundado de agua y sal gruesa. Este era el método conocido como 'la colgada', 'la máquina' o 'el gancho' y que en Oreletti era usado junto con el traspaso de energía eléctrica al cuerpo del prisionero, que se intensificaba cuando se les arrojaban baldazos de agua".

A esas técnicas de tortura se sumaron las "brutales golpizas"; el "teléfono", que consistía en golpes en los oídos; el "submarino seco", es decir, la asfixia con bolsas, o "el submarino mojado", con inmersión de la víctima en agua u otros líquidos; las quemaduras con cigarrillos, el "plantón" -obligación de permanecer parado en extensos períodos-; simulacros de fusilamiento y la presencia de la tortura de seres queridos.

El fiscal remarcó que se probó que en ese contexto permanecieron al menos dos mujeres embarazadas, María del Carmen Pérez y María Claudia García Iruretagoyena de Gelman, y siete niños pequeños que habían sido secuestrados junto a sus padres.

Enciso era un matón de la UOM que integró la SIDE como inorgánico al menos desde 1974. En 1976 se casó con la hija del jefe, el general Otto Paladino, y ese mismo año integró el grupo de represores en Orletti.

Más que un yerno
En su extensa presentación, Ouviña abordó la responsabilidad de Enciso, miembro del grupo de la SIDE y de "la banda de Gordon" que actuó en Orletti y que fue yerno del general Otto Paladino, quien fuera el jefe de esos espías en 1976. El ex agente llegó acusado por los crímenes cometidos contra los uruguayos Gerardo Gatti y Julio César Rodríguez Rodríguez y las argentinas Manuela Santucho y Cristina Navajas de Santucho.

El fiscal llegó a probar que Enciso no se incorporó a la SIDE gracias a su relación con Magdalena Paladino a partir de 1976 -como dijo en su descargo- sino que integraba ese cuerpo de espías desde 1974 y que al menos desde 1973 tenía relación estrecha con el civil Aníbal Gordon, cuya banda de matones sindicalistas -Enciso era de la Unión Obrero Metalúrgica- y miembros de la CNU y de la Triple A actuaron luego en Orletti al servicio de la SIDE. Y, al cierre del centro clandestino, siguieron actuando en el crimen organizado.

Bajo los apodos de "Pino" y "Polaco" o "Polaquito", Enciso "participó de la privación ilegítima de la libertad, sometimiento a tormentos y asesinatos perpetrados por la Banda de Gordon mientras ese centro clandestino de detención estuvo en funcionamiento", consideró acreditado el fiscal.

Los testimonios de cuatro sobrevivientes dan cuenta de su presencia en el lugar con aquellos diferentes sobrenombres, que asimismo se repiten en la información de inteligencia de otras agencias, como la Policía bonaerense, que años después de aquellos crímenes de lesa humanidad lo buscó por su participación en delitos comunes cometidos durante la dictadura con la "banda de Gordon". Dos testigos, además, reconocieron su rostro en fotografías.

Dos de los hechos que se le imputan a Enciso tuvieron como víctimas a militantes uruguayos del Partido para la Victoria del Pueblo, que fue diezmado en Buenos Aires gracias a la coordinación represiva de la Operación Cóndor.

Las víctimas
A Enciso se le imputan la privación ilegal de la libertad de cuatro víctimas porque el Tribunal Superior de Brasil, al momento de remitirlo para su juzgamiento en Argentina, resolvió limitar su extradición a los sucesos relacionados con personas que continúan en calidad de desaparecidas. Eso se explica porque Brasil no firmó la Convención contra la imprescriptibilidad de los delitos de Lesa Humanidad y por lo tanto entiende que los hechos están prescriptos a excepción de las privaciones ilegítimas de la libertad de personas que permanecen desaparecidas, porque son delitos permanentes y hasta que la persona no aparece no cesa su comisión. Por eso a Enciso no se lo pudo acusar ni por tormentos, ni por homicidios. Los casos por los que la Fiscalía acusó este viernes a Enciso son los siguientes y la prueba que lo vincula a ellos tiene relación con su permanencia como miembro del grupo de la SIDE que operó, a la fecha de los hechos, en Orletti:

- Gerardo Gatti, uruguayo, fue en su país presidente del Sindicato de Artes Gráficas y uno de los fundadores de la Convención Nacional de los Trabajadores de Uruguay, y dirigente de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y de la Federación Anarquista Uruguaya. A los 43 años se instaló en Buenos Aires y participó de la constitución del Partido para la Victoria del Pueblo (PVP), razón por la cual fue perseguido en el marco de la Operación Cóndor, como el resto de los militantes de ese partido que estaban en nuestro país. Fue secuestrado el 9 de junio de 1976 y brutalmente torturado. A principios de julio, los represores de Orletti extorsionaron a los miembros del PVP que aún no habían sido capturados para que les entregaran 2 millones de dólares a cambio de la vida del dirigente, que permanece desaparecido. Su hija Adriana fue secuestrada, mientras cursaba un embarazo de siete meses, el 8 de abril de 1977. Fue desaparecida y su cuerpo fue sepultado en una tumba NN del cementerio de la Chacarita. Los restos fueron identificados en 1983.

- Julio César Rodríguez Rodríguez tenía 20 años y también era uruguayo. Participó de la ROE y, como fue perseguido en su país, emigró a la Argentina junto a su esposa. En nuestro país, se integró al PVP. Fue secuestrado el 15 de junio de 1976, cuando ingresaba a la fábrica en la que trabajaba, donde lo estaban esperando dos personas de civil y miembros del Ejército. Después del paso por una comisaría, fue llevado a Orletti. Allí sufrió torturas y fue el último lugar donde se lo vio con vida. Desde entonces, permanece desaparecido.

- Manuela Santucho y su cuñada, Cristina Navajas -casada con Julio Santucho-, integraban el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). El 13 de julio de 1976, un grupo armado secuestró de la empresa en la que trabajaba a Carlos Santucho, otro de los hermanos de Manuela, y se lo llevó a Orletti. Por la noche, un grupo secuestró a las dos mujeres y a su amiga, Alicia Raquel D'Ambra, y las confinó en el mismo centro clandestino de detención.

"Debido a su pertenencia a la familia Santucho, fueron objeto de un particular ensañamiento por parte de quienes los tenían cautivos", señaló el fiscal, y describió que Carlos murió luego de que lo sumergieran en un tanque con agua, al que lo bajaban desde un gancho colgado desde el techo, ante la mirada de sus familiares. "Lo sumergieron una y otra vez hasta causarle la muerte", indicó Ouviña. El cuerpo de la víctima fue hallado al día siguiente en la vía pública, en el partido de Morón.

Manuela y Cristina, que estaba embarazada, fueron sometidas a descargas eléctricas mientas se les aplicaba "la colgada" y sometidas al menos a un simulacro de fusilamiento. "Manuela fue obligada por sus captores a leer, en voz alta, una crónica relativa a la muerte de su hermano Mario Roberto Santucho", describió el fiscal.

Al día siguiente de la aparición del cuerpo de Carlos, las dos mujeres fueron retiradas de Orletti. Fueron vistas por última vez en el Pozo de Banfield, en el marco de un traslado masivo de prisioneros el 25 de abril de 1977.

Fotografía: Matías Pellón, Ministerio Público Fiscal

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