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» » El Deep State (La estructura del poder en Estados Unidos)

(15/06/17 - USA, Opinión *Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont)-.El gabinete de Donald Trump tiene tantos millonarios que el antiguo gabinete de George W. Bush se parecería más a los consejos obreros bolcheviques (soviets). Esta visión burlesca daría por tierra con el imaginario del solitario gladiador en lucha contra los verdaderos poderes americanos, desde las corporaciones hasta los servicios de inteligencia.

El “Deep State” –el Estado Profundo– es aquel conjunto de poderes del Estado e instituciones que, gane quien gane, permanece en capacidad para decir qué puede y qué no puede hacerse y, sobre todo, para perjudicar a aquellos que no les gustan. En su  dimensión conspirativa actual, los medios estadounidenses de extrema derecha y el jefe de estrategia de la Casa Blanca, Steve Bannon, son quienes presentan el Deep State como “una amenaza directa a la presidencia de Donald Trump”.

Dado que los ataques son contra el presidente, la batalla es personal, y al entender de sus seguidores se aspira a depurar en su gestión y las próximas a estos poderes en la sombra. Lo insólito es que muchos piensan que, aunque de modo marginal, el propio presidente forma parte de estos poderes.

Más allá de las tinieblas y que todos los países tienen un poder oculto real (de hecho, el término Deep State se utilizó originalmente para referirse al caso egipcio), ¿a quiénes nos referimos cuando hablamos de estos poderes? La respuesta no arrastraría muchos problemas. Wall Street, el complejo militar, la inteligencia, la defensa, las grandes corporaciones, etc.

Hay dos teorías sobre la base de estos poderes. Una que muestra un presidente tratando de destruir, o al menos alinear, a un imperio oculto que ha obtenido grandes ganancias dada su influencia en la toma de decisiones, pero afectando al pueblo americano. Y otra teoría, que daría por tierra con el Deep State, pero sí imaginaría un Deep System que ha entrado en contradicción y retroceso, que se encuentra librando una feroz interna, en la que D. Trump es un espectador de lujo o, a los sumo, un alfil de algún lado del tablero.

Obviamente estas dos teoría son antagónicas, al menos en los hechos políticos y económicos. La restitución de trabajos, la devolución de impuestos a los ricos, las mejores condiciones de negociación de acuerdos internacionales que perjudicaron a los EE.UU. pero no al Estado Profundo, la globalización con perdidas de inversión, o mentiras ecológicas que afectan el desarrollo de las energías fósiles. Todas ellas son medidas de restauración de ganancias para sectores específicos del Deep State.

En su viaje por Arabia Saudita, el presidente norteamericano firmó un convenio de venta de armas por U$S 110.000 millones, exhorbitante gasto a realizar por la supuesta confrontación con Irán y que logrará la creación de 450 puestos de trabajo. A la firma del convenio asistió el Secretario de Estado Rex Tillerson, ex presidente ejecutivo de Exxon Mobil y con antiguos vínculos comerciales con los rusos, al haber dirigido Exxon Mobil–Neftegas, empresa ruso–americana.

Esta es la beta petrolera–ecológica, algo que veremos con posterioridad cuando ampliemos nuestro análisis al complejo militar–industrial. La Secretaria de Educación Betsy Devos es la hermana de Erik Prince, el notorio fundador de la mayor firma de seguridad privada Blackwater, el ejército mercenario más grande del mundo.

Con más de 20.000 soldados, saltó a la fama en el 2004 cuando en una emboscada en Faluya cuatro de sus miembros fueron linchados por la multitud que luego quemó sus cuerpos y los colgó de un puente. Tres años más tarde su notoriedad alcanzó la plenitud, al autorizar un millón de dólares para sobornar a altos cargos iraquíes por la muerte injustificada de 17 civiles en Bagdad. La empresa cambió de nombre varias veces y ahora se llama Academi (https://goo.gl/XdTyif).

James Mattis, el Secretario de Defensa de Trump, fue hasta su nombramiento consejero de la empresa General Dynamic, una de las cuatro mayores empresas de defensa en el mundo. Y esto tiene lógica: un general atrapado a sueldo para influenciar a otros generales a que aumenten el gasto en defensa. Esta podría ser una parte del Deep State.

Aunque hay algunas dificultades. General Dynamic tiene entre sus accionistas a fondos de inversión que aparecerán en cada empresa a la que pertenecieron cada uno de los chicos del gabinete: Vanguard, Blackrok, Bank of America, Wells Fargo y JP Morgan.

Mattis también estuvo en el consejo de Theranos, una compañía mimada en Silicon Valley dedicada a las pruebas de laboratorio innovadoras, como los análisis de sangre en tiempo real. Lo cierto es que la compañía resulto un fraude, sus tests eran poco fiables y los que funcionaban se hacían con tecnología de Siemens. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) suspendió temporalmente a Theranos. Lindos chicos. (https://goo.gl/0QNZJs).

Mike Flynn fue asesor de defensa desde Obama. Y tiene, como es de esperarse, una empresa, Flynn Intel Grup, especialista en consultoría de inteligencia, cosa que no pudo hacer con los rusos y que le costó el puesto y los birretes a su presidente.

Todos los jerarcas militares que tengan relación con Trump tendrán alguna afinidad con consultorías de defensa, venta armas, etc. Ejemplos de esto son el general John F. Kelly, Secretario de Seguridad Nacional y vicepresidente de un contratista de defensa Spectrum Group, o el teniente general J. K. Kellogg, jefe de gabinete y reemplazo de Flynn, quien se unió a RedXDefense como contratista militar.

Mike Pompeo, hombre del Tea Party y congresista por Kansas, es el director de la CIA. El congresista está estrechamente entrelazado con el cambio climático por ser bautizado como ‘el congresista de Kosh’. Los hermanos Kosh hicieron su fortuna invirtiendo en combustibles fósiles, y aquí empieza el segundo tour, Petróleo y Wall Street, que deberá esperar a la segunda presentación: el Deep State II.

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