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(20/07/17 - Pueblos Originarios)-.Los días 7 y 8 de julio se realizó el I Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena en el Chaco Argentino. El encuentro tuvo lugar en la Casa de las Culturas de la ciudad de Resistencia, Chaco, y fue organizado por la Fundación Napalpí y el Instituto de Investigaciones Geohistóricas Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). 

El objetivo principal era el abordaje de la temática del genocidio perpetrado por el Estado argentino a los Pueblos Indígenas del Gran Chaco, haciendo énfasis en la Masacre de Napalpí (1924), la Masacre de El Zapallar (1933) y la Masacre de Rincón Bomba (1947). Por Agencia Periodística Timbó

Ayer, 19 de julio de 2017, se conmemoró el 93° aniversario de la Masacre de Napalpí y aquí se recuperan algunos de los testimonios recolectados en las jornadas de reflexión mencionadas.

Por un lado, Juan Chico, perteneciente al Pueblo Qom, presidente de la Fundación Napalpí, investigador, escritor y docente en la escuela bilingüe intercultural Cacique Pelayo, ubicada en Fontana, Chaco, trabajador en el Instituto de Cultura de la provincia y uno de los organizadores del Seminario, expresó: “El propósito de este seminario, y creo que se cumplieron las expectativas, es generar conciencia en la sociedad acerca de los crímenes cometidos por el estado argentino en el siglo pasado y poder inscribirlos en la categoría de crímenes de lesa humanidad, porque nuestra preocupación tiene que ver con que en los últimos años se avanzó mucho en los crímenes del terrorismo de Estado del ´76 al ´83 pero sin embargo la cuestión indígena sigue dejándose de lado”.

Y agregó: “Como que hay un cierto pensamiento de que los crímenes perpetrados por el Estado, que nosotros consideramos que son de lesa humanidad, para ciertos estamentos del Estado los indígenas no podemos entrar en esa categoría. Por eso es muy importante el Seminario, porque se ha generado mucha conciencia en los participantes de que estos crímenes perpetrados por el Estado son crímenes de lesa humanidad”.

Por otra parte, Ada López, una de las participantes del Seminario, perteneciente al Pueblo Qom, también docente en la escuela bilingüe intercultural Cacique Pelayo, opinó sobre el papel de la educación en los procesos de memoria, verdad y justicia de los Pueblos: “La educación bilingüe intercultural es muy necesaria en nuestros niños, sobre todo para poder visualizarlos a ellos, para que puedan concretar y puedan salir de la primaria y la secundaria y que puedan llegar al nivel universitario. Porque somos capaces, tendríamos que sacarnos esa chapita que nos han impuesto y que está escrito prácticamente que nuestros niños son todos burros, que son duros, que no entienden, que no comprenden, que ellos no tienen sus propios sueños, sus propios deseos de poder progresar. Y eso no es real, no es real porque nosotros, los que somos indígenas, sabemos quiénes somos y qué queremos, pero no nos dan ese espacio que realmente tendríamos que ocupar, nuestro lugar. Hoy decía una de las expositoras que no nos dejan hacer, no nos dejan ser nosotros mismos para poder avanzar en el futuro de nuestros niños. Y esto que estamos vivenciando ahora, lo de Napalpí, es algo muy interesante que ya lo estamos trabajando en los salones. Y no es fácil para el criollo, pero para nosotros los indígenas cuando lo vamos a tratar frente a nuestros niños es posible porque nosotros lo dramatizamos, y el niño lo entiende, comprende bien cuál fue el sufrimiento y es el sufrimiento actual de su pueblo”.

Y continuó: “Lo entienden y pueden vivenciarlo y ellos también pueden compartir el dolor de su Pueblo a través de la dramatización. No hay que tener miedo porque nuestros niños, por ejemplo, crecen a través de la educación verdadera que es la observación y participación real al lado de nuestras familias, y eso es lo que nosotros tenemos. Sienten, cuando ellos van a dramatizar el horror que vivió su familia. Y ellos piensan que no lo pasaron, pero es eso. Por eso es tan importante que los docentes indígenas seamos capaces de contar a nuestros niños verdaderamente lo que pasamos”.

Por último, compartió: “Yo por ejemplo tengo un dolor intenso, pero yo no lo transmito con dolor, trato de guardar para mí y no sé si se va a sanar alguna vez estas heridas tan fuertes y profundas en nosotros, pero por lo menos que ellos sientan que existió esto y que es el dolor de siempre de sus bisabuelos, de los tatarabuelos y la familia”.

Juan Chico, además, es autor junto a Mario Fernández, del libro bilingüe “Napalpi, la voz de la sangre”, que relata la historia de la Masacre de Napalpí perpetrada por el Estado argentino y un grupo de estancieros en el año 1924, y de “Los Qom de Chaco en la Guerra de Malvinas: una herida abierta”. En ambos trabajos, profundiza en los relatos orales de los protagonistas de estos hechos y de sus descendientes.

Con respecto a la importancia de que la historia sea reconstruida y comunicada por los investigadores, historiadores y protagonistas indígenas, Juan Chico dijo: “Es de mucha importancia y tenemos pros y tenemos contras. Porque mucha de nuestra gente tiene legitimado que sean los no indígenas los que vengan a proponer y llevar adelante esto. Y desde el Estado también pasa eso, porque justamente en este evento hemos encontrado muy poco apoyo del Estado salvo algunas excepciones. No hay un acompañamiento real, siempre están especulando hasta dónde llegamos. Por eso yo destaco el rol de los participantes, destaco la gente que se anotó. De hecho, teníamos un cupo de ciento veinte personas y se inscribieron doscientas diez. Gente de Formosa, de Tucumán, de Buenos Aires, norte de Santa Fe y del interior de la provincia de Chaco. Entonces creemos que este tipo de actividades genera conciencia en la sociedad, y que la sociedad puede presionar a los estamentos del Estado para que estas cosas no sigan pasando”.

Por otra parte, Ada López analizó cómo estas propuestas de reflexión contribuyen en el camino a la reparación histórica: “Reparar… yo decía la última vez a nuestros ancianos ¿qué vamos a reparar? No somos una gomería decía uno de nuestros ancianos. Reparar es lo mínimo porque ese dolor que nos ha transgredido no sé si se puede reparar. Nosotros que vivimos con ancianos, con nuestras mamás, que hemos alcanzado esa historia con nuestros padres…no sé cómo van a paliar el sufrimiento que han vivido ellos. Un sufrimiento que lo llevamos dentro de la piel y el corazón. Por eso decía hoy el fiscal que puede llegar a hacerse un juicio oral, no sé si por lo menos eso va a ser un pequeño alivio para el dolor que tenemos. Y eso nos va a ayudar a poder recapacitar de que no fue en vano y que realmente es verdadero ese dolor que llevan nuestras comunidades. Ojalá pueda entender la sociedad que sí, nos mataron. Mataron a inocentes, a niños y que hasta hoy llevamos el peso, el peso de esa colonización maldita que ha destrozado a nuestros niños. Por eso hoy tenemos a cuántos niños que son drogadictos, que se prostituyen y que nos han puesto como los pobres que no podemos pensar y eso no es así, no es real”.

Por su parte, Juan Chico apuntó: “En cierta manera es un granito de arena que aportamos para que se tome conciencia de esto y que la sociedad pueda despertarse del letargo en el que vive y también nuestra gente, nuestros pueblos indígenas. Hablamos mucho del colonialismo y nosotros como indígenas estamos en muchos aspectos colonizados y eso no nos deja ver esta realidad. No nos deja ver la lucha que tuvieron nuestros viejos, que fueron deportados, fueron muertos, fueron desaparecidos en defensa del territorio. Y en cierta manera esas prácticas siguen hasta el día de hoy porque hay referentes y líderes indígenas que se levantan y después el Estado, desde sus tentáculos decimos nosotros, de una forma u otra acalla a esos líderes indígenas”.

Finalmente, el escritor concluyó con la siguiente reflexión: “Apostamos nosotros a la sociedad, porque muchas veces algunos estamentos del Estado y algunos organismos se niegan a reconocer los propios derechos humanos de los Pueblos Indígenas”.

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