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» » Ayelén, una muerte colectiva y anunciada

(15/08/17 - Géneros)-.Ayelén la joven trans que había venido a Buenos Aires escapando de la violencia del patriarcado de su ciudad en Tucumán, llegó a Capital Federal con muchos sueños, no solo de escapar del machismo extremo, sino del destino inexorable de las personas del colectivo trans travesti. Enmarcados en la expulsión de todos los sistemas; educativos, de salud, familiar, de trabajo, arrojándonos al 80% de nuestra población a la prostitución.

Supo que una de las herramientas más importante para defenderse en la vida y apoyarse para vencer los prejuicios a la hora de intentar conseguir un empleo es la educación , aunque sea tardía en nuestros casos y excluyente, pero redoblando los esfuerzos podría concretarse. 

Se inscribió en el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis donde se desempeñó como una alumna mas, donde siempre contaba a sus compañeres que tenía muchos sueños. Era una persona optimista que sufrió el desarraigo con el fin de progresar. Si bien no podía salir de las redes de la prostitución porque la fuerte estigmatización social aún le impedía tener igualdad en el acceso al empleo, no perdía sus esperanzas de ser una empleada en algún sitio.

Cada tanto regresaba a su ciudad a visitar parientes y se quedaba allí un tiempo. Sin pensar que esta vez sería atroz y la encajonaría sin poder escaparse en la horrible estadística que plasma la esperanza de vida de las personas trans travestis en 35 años de edad en un promedio de vida muy bajo aún en nuestros días. 

Hace unos meses, Ayelén había sido detenida arbitrariamente por la policía de su ciudad dentro de un remis cuando regresaba a su casa. Pasó todo un día, sin explicaciones, en una celda llamada “el chancho“, donde la mugre y la inmundicia la rodeaba. Pero antes de estar allí, había sido abusada sexualmente por varios policías en la comisaría, y le fueron robadas sus pertenencias y dinero. 

Fue humillada, masculinizada,insultada, agredida y violentada en el lugar por los agentes de las fuerzas quienes la amenazaron de muerte si contaba algo. Eso fue tremendo para Ayelén quien no dudo en hacerlo público en los medios y denunciarlos, además de otras anomalías que vio esa noche; coimas para liberación de familiares de otros detenidos arbitrariamente o detenidos que habían cometido ilícitos y arreglaban su libertad. 

Se presentó tanto en medios gráficos como en canales de aire y cable locales donde hizo público todos estos abusos y violaciones a los derechos humanos.

Pero como sucede en muchos casos en nuestro colectivo cuando se involucra a la policía y se la denuncia, al tiempito, “casualmente”, aparecen asesinadas, abandonadas en algún departamento, baldío o ruta, como ya ha pasado con otras referentes cuando denuncian abusos de la fuerza pública. 

Llama poderosamente la atención que nuestra compañera aparezca asesinada brutalmente a golpes un tiempito después de sus declaraciones por las cuales fue amenazada de muerte.

Estamos consternades toda la comunidad, hace 10 días Pamela Tabares fue asesinada en Santa Fé de cinco tiros en la cabeza, también en situación de prostitución. 

Nuestro colectivo trans travesti es el más vulnerable, es el más violentado con todas las violencias físicas, institucionales, verbales, simbólicas, excluyentes. Somos las más asesinadas en proporción , pero invisibilizadas en todas las estadísticas. 

Estamos en lucha en los espacios feministas biologicistas que también nos invisibiliza, hasta en los documentos del NiUnaMenos y sus reclamos generales. Parece inexorable el no escapar del destino que nos embotella en la prostitución y con un promedio de vida de 35 años. Las pocas que son sobrevivientes en la población son menos de un centenar. 

La mala calidad de vida por las expulsiones de todos los sistemas y la violencia extrema en un Estado que mira para otro lado. 

Tenemos un DNI que no nos salva aún de la muerte en manos del patriarcado Machista. La desidia de un Estado que es prostituyente porque nos niega otro lugar y además introduce símbolos culturales donde se nos estigmatiza profundamente a través de religiones discriminatorias avaladas constitucionalmente. 

Por tanto el Estado es responsable, a través de su desidia, de su simbología, de su falta de políticas públicas reales de integración y de obligarnos a prostituirnos o morirnos de hambre.

Por Alessandra Luna para ANRed

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