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» » Las corporaciones al abordaje. Macri y el uso privado de lo público

(08/07/17 - Gestión Macri, Opinión *Por Carlos A. Villalba)-.Durante las primeras semanas de gobierno de la alianza Cambiemos, las distintas pantallas de la franja estelar de la televisión argentina aseguraban que “es mucho más difícil manejar un gobierno que manejar una empresa”, la falacia intentó explicar y, sobre todo, justificar por qué Mauricio Macri y su “mejor equipo en 50 años” cometían “error” tras “error”. 

En realidad, gobernaban en base al guión prediseñado por las principales corporaciones económicas radicadas en el país, ocultado durante la campaña y en particular a lo largo del “debate” con Daniel Scioli , candidato presidencial del FpV. (1)

A partir del triunfo del jefe del Grupo Macri, se publicaron notas e informes sobre los CEOs desembarcados junto a él en la administración de los estados nacional y bonaerense, neo funcionarios ocultos tras esas letras que corresponden a Chief Executive Officer, algo así como principal director ejecutivo de una empresa o corporación, ahora de un Estado. A solo dos semanas del traspaso de mando, el sociólogo Eduardo Halliburton y este periodista presentaron con nombre y apellido al “Gabinete de la Oligarquía” y explicaron que el mismo está formado por “directivos de los principales grupos económicos concentrados de la Argentina, igual que el equipo de José Alfredo Martínez de Hoz  tras el golpe de Estado de 1976” (2) (3)

No se trataba de una mera “denuncia” o de la visualización del currículo de quienes encima de las corbatas de gerentes se colocaban los atuendos de ministros, secretarios o subsecretarios. En realidad se mostró la traza de la línea de mando de un modelo de apropiación de los bienes del conjunto de argentinas y argentinos por parte del sector económico financiero más concentrado del país, compuesto en su mayoría por filiales dependientes de casas matrices en el extranjero. 

La etapa iniciada en diciembre de 2015 constituye el abordaje más brutal de los saqueadores del siglo XXI, apurados en transferir en el menor tiempo posible ingresos  desde los que menos tienen hacia los más acaudalados, y desde el Estado a las propias corporaciones económicas que representan, de las que son accionistas o hasta dueños, como el propio presidente de la Nación lo es del grupo SOCMA (Sociedad Macri).  

No es el zorro, son los dueños de las gallinas

En aquellos primeros meses poskirchneristas, fue común leer que el nuevo gobierno había puesto al zorro a custodiar el gallinero, este mismo autor así lo afirmó. Los ejemplos sobraron: Juan José Aranguren (Shell) a decidir sobre la minería y la energía de los argentinos; Alfonso Prat-Gay (JP Morgan) como primer ministro de Hacienda; Francisco "Pancho" Cabrera (HSBC y Grupo Robert) al frente de la cartera de Producción, tres muestras de un bolillero estatal ahora cargado de CEOs y gerentes.  

Sin embargo, no se trató de una manada suelta de mamíferos omnívoros, ni de una alegre muchachada de a bordo, en este caso con el escudito del Cardenal Newman, 
ni la de Luis Sandrini, Tito Lusiardo y José Gola, ni la de Leo Dan y Carlitos Balá.
Son los principales grupos económicos argentinos, la banca internacional y 
las filiales locales de las más poderosas transnacionales, puestas a  
reordenar el Estado nacional en función de sus intereses financiarizados a 
través de  políticas definidas por sus gerentes devenidos en funcionarios, 
por encima de los intereses soberanos del país. 

En la inmensa lista de grupos, corporaciones y bancos con fichas instaladas en el nuevo tablero de comando de los destinos argentinos figuran por ejemplo Axion/Bridas, Bulgheroni, Banco Galicia, Blaquier, Braun Menéndez/La Anónima, Citibank, Clarín, Coca-Cola,  Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Deutsche Bank, Dietrich, Edenor, Edesur, Esso, Farmacity, General Motors, HSBC, IBM, JP Morgan, La Nación, LAN, Los Grobo, McKinsey, Merrill Lynch, Milkaut SA/Bongrain, Monsanto, Pan American Energy, Perez Companc,  Roberts,  Shell,SOCMA/IECSA, Techint/Ternium, Telecom, Telefónica, Transportadora de Gas del Sur (TGS), Woods Staton/MdDonald’s…
                                                                        
El 10 de diciembre de 2015 esos grupos pusieron en marcha el plan que hizo más daño económico y social en menos tiempo al país, con exclusión social, aumento de la pobreza y la indigencia, desempleo, hambre, frío, enfermedades. Las corporaciones lo planificaron, Macri y sus gerentes condujeron la aplanadora que entre el 14 y 17 de diciembre de 2015 empujó las dos primeras medidas que produjeron una transferencia de ingresos de trabajadores y jubilados hacia el sector más concentrado de la economía. De ese lunes a aquel jueves se concretó la eliminación de retenciones al complejo agropecuario -con disminución de 5 puntos porcentuales a la soja-, las economías regionales y a la industria y una fabulosa megadevaluación que subió el tipo de cambio en un 40%, señal de largada de la carrera hacia ese 100% que ya se avizora desde los $18 de cotización en el arranque del mes de agosto. 

El complejo agroexportador logró lo que jamás le habían otorgado, un récord sin parangón en la historia económica global: fuerte devaluación con quita total o progresiva de retenciones. La consecuente pérdida del poder adquisitivo de los salarios de quienes tienen menos implicó un embolso de u$s 20.000 millones de manera instantánea entre agroexportadoras, alimentarias, bancos y algunos grupos industriales. A pesar de esas ganancias, el ritmo acelerado de la fuga de divisas se mantuvo y el Poder Ejecutivo salió a tomar deuda externa a ritmo frenético. 


En esa economía, solo 100 empresas concentran el 75% por ciento del total de las exportaciones. De las 25 principales, la mitad se dedican a granos, oleaginosas y derivados; seis son automotrices; dos exportan gas y petróleo, otras tantas son mineras o se dedican a la siderurgia y una a los alimentos; 17 pertenecen a grupos extranjeros (70%), seis a grupos económicos locales y dos a “cooperativas” nacionales. (4)

El modelo no productivo gerenciado por Macri, incluye entre los depredadores de la moneda local a los agroproductores que acumularon granos en silobolsas, presionaron por el alza del dólar, contribuyeron a embarrar la cancha económica del gobierno anterior y ya lograron imponerle a la gestión Macri un valor del dólar que es desestabilizador para  la economía local. En un país como la Argentina, con endémica escasez de moneda estadounidense, esa concentración en tan pocas manos, constituye un gran poder de presión sobre la dirección de la economía. 

La ofensiva
En un año y medio el gobierno del PRO avanzó en una blitzkrieg, aquella “guerra relámpago” definida por los alemanes en la que el ataque comienza con un bombardeo de envergadura, seguido de la entrada en acción de las fuerzas móviles, con capacidad de asalto rápido y sorpresivo en una acción lo suficientemente fulminante como para que el enemigo carezca de la capacidad de reacción necesaria para montar una defensa coherente.

Esa táctica militar se adapta como anillo al dedo de las contra-transformaciones del gobierno actual, tanto en el marco internacional como en el nacional, alcanzando lo local y hasta lo micro, con clara intención de eliminar toda medida regulatoria o limitativa para los intereses de los grupos concentrados de la economía. Este espíritu de destrucción abarca las construcciones desarrolladas por el kirchnerismo en el último tramo de la historia, como las que vienen de etapas anteriores, en especial las conquistas impulsadas por los gobiernos del general Juan Domingo Perón.

La verdadera “agenda de la destrucción”, planificada por las corporaciones para la ejecución macrista, comenzó el mismo día de la asunción presidencial del jefe del Grupo Macri quien, además de coordinar la maniobra global, hace un uso privado de lo público como jamás se vio en la historia nacional. (4)

El mismo día de su instalación en la Rosada Macri derogó los artículos clave de la Ley de Medios, relacionados con la desconcentración, las restricciones al mercado y el origen del capital en el sistema de medios, con la intención de avanzar de modo inmediato en la desregulación y la apertura a inversiones sin restricciones y reinstalando la idea de que el mercado se autorregula. El Grupo Clarín fue el más favorecido por los cambios por decreto de una Ley de la Nación, avalada por la Suprema Corte.

A los cinco días, eliminó las retenciones al trigo, al maíz y redujo 5% las de la soja. Lo que implicó una transferencia de ingresos del Estado a manos de esos sectores de la agroindustria de u$s 9.150 millones. Los efectos de esa medida se trasladaron a los consumidores, que debieron afrontar las subas de los precios, por ejemplo de los derivados del trigo cuya tonelada se elevó de noviembre del año pasado de $1.260 a $2.631 en junio. 

El 16 de diciembre de 2015 el Ministerio de Hacienda dispuso la eliminación de los controles cambiarios y se produjo la primera gran caída devaluadora. El dólar pasó de $9,60 a $14,50 $, lo que benefició a los exportadores en $69.447 millones. 


Las principales beneficiarias del proceso de reducción impositiva “hacia arriba” con megadevaluaciones del grupo de gerentes que maneja la economía argentina son las agroexportadoras, encabezadas por las transnacionales Cargill (EEUU), Bunge (Holanda), Dreyfus (Francia), ADM/Toepfer (Alemania), Glencore (Suiza) y Cofco (china asociada a Noble argentina) y las locales Aceitera General Deheza, Vicentin y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

El grupo privilegiado incluye a la automotriz Volkswagen, la primera productora privada de hidrocarburos de la Argentina, Pan American Energy; la productora de tubos de acero Siderca (Techint) y Aluar, máxima elaboradora de aluminio, con insumos importados.
La especulación con el “dólar futuro”, garantizó además grandes ganancias a quienes “apostaron” a la devaluación, muchos de los cuales ocupan algunos de los sillones principales del gabinete actual y fueron encargados de ejecutar la maniobra y decidir el precio de la moneda verde y obtuvieron unos $70.000 millones por la diferencia entre lo programado por el anterior gobierno y lo realizado por el actual. 

La inflación implicó una transferencia, a través del consumo, desde los asalariados hacia los empresarios en general de $86.875 millones. El total por estos ítems especulativos sumó unos u$s 20.000 millones, que fueron a los bolsillos de los corporaciones como efecto inmediato de la política financiera.

El 12 de febrero de 2016 se anunció la quita de las retenciones a la minería, una transferencia inmediata de u$s 1.059 millones hacia un sector que ya venía siendo privilegiado, a pesar de impulsar una economía tipo “enclave” en el marco de una economía global de saqueo, con poco aporte al país y con generación de problemas ambientales y de salud de las comunidades circundantes.

Es el caso de Minera Alumbrera, también operada por la suiza Glencore, que alcanzó en 2012 el tope de las exportaciones de la Argentina, con ventas superiores a los u$s 4.100 millones, spsteniéndose en los años siguientes en los u$s 1.000 millones. 

A fin de junio, se modificó la ley de tierras, para eliminar las limitaciones establecidas por el kirchnerismo de 1.000 hectáreas en las zonas centrales (con equivalentes en otras a determinarse por las provincias) y se exceptuaron de ese cómputo las tierras en áreas industriales. También se eliminó el tope del 15% de territorio a vender al capital extranjero.


En julio aumentó la flexibilización de las restricciones a las importaciones con el objeto de dar más facilidades al mercado en el comercio internacional. Las importaciones de los más variados rubros de consumo crecieron del 10 al 40% interanual, con un notorio retroceso de las importaciones para el consumo industrial, que cayeron 16% en la participación en las exportaciones hasta mayo.

Mientras la “guerra relámpago” tenía lugar en beneficio de las corporaciones transnacionales, en apenas año y medio la vida de argentinas y argentinos de a pie cambió de manera tan brusca como negativa. Se reabrieron miles de comedores y merenderos populares a los que no solo van los menores, sino que se sumaron padres y abuelos; los chicos esperan que las escuelas abran sus puertas para comer su único plato del día. Zaguanes, entradas de edificios, cines y teatros son el único techo de familias enteras que volvieron a situación de calle, expulsadas de casas e inquilinatos y hoy sobreviven en calles, plazas, autos, estaciones de subte y trenes, hospitales, cajeros automáticos, bajo las autopistas. 

Los tachos de basura de restaurantes, verdulerías y casas de comida volvieron a ser la “góndola” en la que miles de personas consiguen sus alimentos diarios; cerca de 600 mil personas perdieron su trabajo o su “changa” y empezaron a timbrear -de verdad- en los barrios pidiendo comida, mientras millones más los miran de reojo palpitando un penoso probable futuro. 

Todos cambiaron alguna de sus costumbres diarias, desde la forma del transporte, hasta sus hábitos de consumo, ajustando una situación en la que muchos viven en la pobreza y al borde de la miseria y el resto está peor que hace pocos meses. Es el reino del revés en que los menos tienen más, cada vez más.

(*) Psicólogo, investigador y periodista argentino. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Imágenes: Serie Black Sails y propias

(1) https://issuu.com/miradasalsur/docs/12_econo_sur_27-12
(2) http://tiempodecrisis.org/wp-content/uploads/2016/05/MacriCorpo-fin.pdf
(3) https://www.slideshare.net/IADERE/radiografa-de-las-corporaciones-econmicas-20032013
(4) http://www.alainet.org/es/articulo/183959

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