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» » El obispado de San Isidro será querellante en causa por asesinato del padre "Pancho" Soares

(01/11/17 - Lesa Humanidad)-.El Obispado de San Isidro decidió presentarse como querellante en la investigación por el asesinato del sacerdote católico Francisco “Pancho” Soares, cometido el 13/2/76 en Tigre, y cuyo expediente forma parte de la megacausa Campo de Mayo. 

Fuentes de la Diócesis de San Isidro dijeron a Télam que los obispos Oscar Ojea y Martín Fassi, a cargo de esa jurisdicción eclesiástica, acompañarán el reclamo de justicia por Soares a pedido de feligreses de la parroquia de Nuestra Señora de Carupá, donde oficiaba el cura al momento de su asesinato.

“Cuando llegué a esta parroquia, en 2010, me encontré con un montón de gente del barrio que se acordaba de la obra que había hecho 'Pancho' y también tenían presentes su compromiso y solidaridad. Muchos creímos que debía hacerse justicia y dos años después, presentamos una denuncia en los Tribunales de San Martín para que se empiece a investigar su crimen”, señalo a Télan el padre Jorge Marenco, actualmente al frente de la parroquia que hace 41 años guiaba Soares. 

Marenco, miembro del grupo de Curas en Opción por los Pobres, contó que la denuncia fue presentada en 2012 ante el juzgado federal en lo Penal y Correccional Nº 2 de San Martín, a cargo de la jueza Alicia Vence por la catequista Graciela Carrel, que es una de las demandantes.

“Tras reunirnos con el obispo Oscar (Ojea) y su auxiliar, Martín (Fassi), le llevamos la propuesta de toda la comunidad y ellos aceptaron. En estos días, por medio de un abogado, la Diócesis de San Isidro se presentará como querellante para impulsar la investigación sobre el asesinato de Pancho”, apuntó el sacerdote.

Francisco Soares nació en la ciudad brasileña de San Pablo, llegó de niño a la Argentina con su familia y años más tarde, movido por su vocación religiosa, se trasladó a Chile para ingresar en el Seminario Menor de la Orden de los Asuncionistas. Luego se trasladó a Francia para completar su formación filosófica y teológica, y en ese país se adhirió a los preceptos de autores religiosos que predicaban que los sacerdotes debían trabajar junto a sus comunidades.

Es por eso que al volver a Buenos Aires, Soares, ya nacionalizado argentino, pidió que se lo destinara a una parroquia del Conurbano bonaerense. 

En 1963, la Iglesia lo asignó a barrios humildes de los partidos de San Fernando y Tigre, y tres años después llegó a Nuestra Señora de Carupá, donde junto a fieles y vecinos una cooperativa para la fabricación de mosaicos que llegó a emplear a 30 personas.

“Pancho siempre creyó en el trabajo como forma de predicar, de acercarse a la gente para construir en la Tierra el reino de Dios. Además de obrero y de trabajar en una máquina que imprimía las chapitas de las plantilla de los zapatos, hizo traducciones de francés para editoriales y se empleó como contable en un supermercado”, repasó Marenco.

Soares abrazó los postulados del Movimiento de los Sacerdotes del Tercer Mundo y estuvo vinculado con el trabajo que desarrollaban los militantes políticos y sindicales de la zona norte del Gran Buenos Aires. 

En febrero de 1976 fueron secuestrados los obreros navales Oscar Echeverría y Luis Alberto Cabrera junto con la delegada del gremio de CTERA en Tigre, Rosa María Casariego –esposa de Cabrera- y días después sus cuerpos aparecieron en un descampado de la zona de Moreno, con evidentes signos de torturas.

El sepelio de los tres militantes de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) se convirtió en una multitudinaria manifestación de afecto y Soares encabezó el cortejo y dio el responso.

En la madrugada del 13 de febrero, un grupo de desconocidos irrumpió en la casilla de chapa en la que vivía "Pancho" Soares, junto a su parroquia, y lo mató a tiros.

En la denuncia presentada en 2012 se señala la responsabilidad de miembros del Ejército a cargo del Área 410 con jurisdicción en los partidos de Escobar y Tigre,y bajo el mando de la Escuela de Ingenieros del Comando de Institutos Militares de Campo de Mayo, desde donde se desarrolló un plan de represión ilegal que comenzó antes del golpe del 24 de marzo de 1976. También se acusa a las comisarías y unidades regionales del lugar por dar "zona liberada".

“Pasaron muchos años y sabemos que hay pocas pistas, pero no perdemos la esperanza de lograr justicia para un hombre de la Iglesia comprometido con los humildes”, puntualizó Marenco.

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