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» » Murió Victoria Kishimoto, madre de uno de los desaparecidos “Pibes del Santa”

(13/11/17 - DD HH)-.Victoria Kishimoto sufrió la peor de las torturas: la desaparición de su hijo, Julio Gushiken, uno de los denominados “Pibes del Santa” (Santa Isabel), que forma parte de los institutos más reconocidos de Florencio Varela, cuya polémica sobre la posible vinculación del director en los 70 y la dictadura militar no se acaba de cerrar nunca. En agosto del 2015 habían reconocido el cuerpo de su hijo.

En las últimas horas Victoria murió. Su lucha, unida a la de los otros nueve desaparecidos del Instituto y a los 16 de la comunidad japonesa en Argentina, pudo devolverle el cuerpo de Julio en agosto del 2015, cuando el Equipo de Antropología Forense, pudo reconocerlo.

Según consigna el diario Infosur, Victoria era oriunda de Motobu, Okinawa. Llegó a la Argentina durante los años 30 donde se casó con Seisho Gushiken; y en 1952, se trasladaron a Florencio Varela. Victoria y Seisho tuvieron 6 hijos, Mirta, Emilia, Roberto, Julio, Hugo y Graciela.

“Desde la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Florencio Varela, abrazamos a la familia Gushiken y los acompañamos en este momento” expresaron y remarcaron que su hijo “Julio fue uno de los identificado (en donde funcionó el Centro Clandestino de Detención El Banco) por el Equipo de Antropología Forense en el año 2015”.

Julio Gushiken, que en los años 70 era  era miembro del Partido Comunista Marxista-Leninista, iba a visitar a su familia cada fin de semana, pero a medida que el clima político se volvía más hostil, las visitas se espaciaban cada vez más, hasta que en noviembre de 1977, unos días antes del cumpleaños de 15 de su hermana menor, fue la última vez que la familia lo vio.

Esta noticia trae al relato la historia de un grupo de jóvenes que desde principios de la década del 70 intentó armar un centro de estudiantes en ese instituto privado regenteado por su fundador, Modesto “Tino” Rodríguez, quien fuera amigo del genocida Jorge Rafael Videla, a quien reivindicaba como héroe nacional y por el cura Francisco Motta. La institución dependía de la diócesis de Avellaneda al mando de Antonio Quarracino, reconocido cómplice de la dictadura.

Rafael Britez y Néstor Denza son quienes investigaron las secuelas de la dictadura militar en el Instituto Santa Lucía. Todo quedó reflejado en el libro “Los Pibes del Santa” Represión estudiantil en Florencio Varela (1976-1983).

Allí, los autores sostienen que el acceso a la educación era casi para privilegiados en Florencio Varela en la década del 70 y citan como ejemplo que sólo se graduaban no más de 130 estudiantes por año.

En ese contexto, resaltan que el instituto Santa Lucía se caracterizaba por “abrir” sus puertas tanto a hijos de ricos como de trabajadores, generalmente rurales. Pero contrariamente a esta política de apertura, en lo ideológico el rector Tino deschavaba su complicidad con la dictadura y lo manifestaba en enfrentamientos directos y persecución contra los que llamaba “forajidos, irresponsables y subversivos”. 

Y así lo hizo notar, al principio con pintadas, cuentan los ex alumnos, algunas sobre la calle Quintana. Una de ellas rezaba: “Fuera perros comunistas Lépore y March”, contra la pelea que daban el Grupo de Resistencia Estudiantil Secundario (GRES) y la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) para conformar un centro de estudiantes. Una de las tantas cuestiones por la que peleaban los pibes del Santa.

Entre 1975 y 1981 detuvieron-desaparecieron a 10 alumnos del Santa Lucía de Varela: Teodosio Acuña, Daniel Demaestri, José Lépore, los primos Horacio y Julio Gushiken, la pareja Ángel Iula y Silvia Schand (se supone por una grabación, embarazada de tres meses) y los hermanos Gustavo, Sergio y Alejo Zurita. Todos habían comenzado su militancia estudiantil en esa institución y luego comprometieron su tiempo entre el trabajo social y la fábrica.

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