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» » “Quiero tener canciones que lleguen al alma”

(13/11/17 - Música Popular)-.Se llama Pedro Conde y si bien para la inmensa mayoría es un desconocido, para quienes escuchan música sin que se la vendan como a una gaseosa o un pancho su nombre es sinónimo de talento y compromiso.

Compromiso que no significa desde ningún punto de vista panfleto, sino ecuanimidad, respeto hacia quien percibe su obra y hacia si mismo, y por sobre todas las cosas un profesionalismo atípico que lo convierte en una especie de minucioso relojero de su arte, pero despojado del "vedetismo Pomelo" tan común en la música.

Pagó un altísimo precio por ser el mismo. Se bajó de la ola de Barrock para seguir un sendero independiente que lo llevó, incluso, a tocar en el subte. Hoy a treinta y cinco años de su disco debut “Realidad” se ha convertido en un músico de culto que se vuelve a rescatar por su postura comprometida con la Guerra de Malvinas desde una posición antibelicista. Una entrevista íntima con un creador sin fisuras ni traiciones.

Mañana Martes de presenta en Notorious, Callao 966, CABA a partir de las 21 horas con la misma magia y una gran cantidad de canciones al hombro, aunque en este caso acompañado por su padre y sus hijos, todos músicos, en una jornada que ya se puede imaginar memorable.

En este caso he rescatado un viejo reportaje (fue hecho hace alrededor de cinco años) que muestra esa coherencia de la que hablaba en los primeros párrafos.

Se dice que cuando una obra trasciende en el tiempo es porque es buena, y tu obra “Realidad”, de hace treinta años, tiene una significación contemporánea con este tiempo
Primero que nada lo vivo como una sorpresa porque hacer música siempre implicó estar en contra de los preceptos familiares que indicaba el tener que hacer algo que justificara todo lo que invirtieron ellos en mi educación y cuando se me dio hacer música primero que nada la compuse por vivencias, soy clase ´62 y no fui a la guerra por dos números, y sentí la necesidad de expresarme como pedazo de una generación que había sido obligada a participar de un conflicto en una circunstancia donde el pueblo no estaba de acuerdo pero tuvo que adherir por una cuestión histórica, y como generación, habiéndome quedado yo en Buenos Aires, creo que tenía la obligación de componer lo que sentía sobre ese episodio. Ahí fue todo inmediato, durante la guerra debuté y el eco de la gente fue increíble, lo que fue mi primera sorpresa, que esas canciones escritas en este living y que expresaban simplemente una rebeldía y un enojo generacional muy temprano, porque en ese momento donde ya habían cepillado bastante a los jóvenes, era muy difícil para nosotros decir cosas. Aparte ya teníamos detrás gente que lo había dicho mucho mejor como Spinetta; Charly; Cantilo; Miguel Abuelo. 

El rock ya tenía diez o doce años de historia que nos superaba a los que intentábamos decir algo, pero la guerra de Malvinas fue una motivación exclusiva nuestra, de nuestra generación, y así fue que surgieron esas canciones, no por talento sino por la necesidad de expresar lo que desde ningún otro lugar se estaba pudiendo decir.

Esas canciones empezaron a ser cantadas durante la guerra e inmediatamente después fueron apreciadas por gente que pudo apoyarme como Jorge Pistocchi; el gordo Pierre Bayona. A través de ellos pude tocar con Piero, en grandes escenarios, con Cantilo y Pedro y Pablo, y el eco era reverendamente impresionante, pero los aplausos o podía ser oídos, porque lo que si se tenía que oír era que había un eco de lo que se estaba diciendo, que era lo importante. Así fue que en poquitos meses logré un contrato para grabar con el sello Microphone, producido por Edelmiro Molinari. Imaginate lo que era para mi ser producido por un histórico del rock. Ya eso era un logro superior a cualquier canción que yo pudiera cantar.

El disco fue hecho a violita pelada y a voz. Sin ninguna pretensión, simplemente tenía que decir lo que había que decir, por lo que es muy fuerte que me digas que pasados treinta años sigue vigente.

En los últimos diez, y gracias a internet, la gente volvió a devolverme sus experiencias con esas canciones, que cuando uno las larga; las tira, las deja picando, y dejan de tener difusión, como que te vas quedando fuera del eco. Entonces, cuando empieza a haber devolución y te empiezan a decir que eso tuvo un sentido, te ganas para seguirla, para retomar esas canciones, que justamente por eso en este momento las estoy volviendo a cantar. Hoy el contexto es distinto pero lo que se dijo en ese momento me sorprende, pero hoy también tiene significado.

La particularidad de tus canciones de ese momento es que mientras Elio Roca y muchos otros cantaban “las Malvinas son nuestras” vos tenías un mensaje totalmente distinto. Crítico; anti belicista, que no por eso era un mensaje pacifista; que reivindicaba al joven como sujeto y criticaba que se lo usara para la guerra pero después se le negaba la posibilidad de tomar decisiones. Una obra absolutamente atípica para lo que se hacía en ese momento.
Ese fue el momento de la vuelta del exilio de la mayoría de los integrantes del rock nacional, caso Miguel Abuelo; caso Miguel Cantilo, que tuvo un gran éxito con su vuelta, y donde hablaban, es mi opinión, desde su experiencia anterior. A mí te tocó es resquicio de ser parte de un hecho histórico que sucedió con fecha de inicio, porque si bien la dictadura empieza el 24 de marzo se puede hablar de que muchísimo antes ya hubo desaparecidos, pero la guerra de Malvinas empezó el 2 de abril, y yo no fui de casualidad, por lo que si bien no estaba allá era mi obligación cantarle a mis compañeros que si estaban. Cantarle a nuestra sociedad que estaba aplaudiendo una guerra. Siento que si tuve un fundamento pacifista. Todo el pensamiento de Ghandi o de otros como Lennon. Yo era chico pero esas cosas eran una gran influencia y para mí una obligación de vida. Era obligatorio que mi vida transitara por ahí, pero jamás pensé que iba a tener la oportunidad de aplicarlo sobre la temática de una guerra.

Cuando me tocó decirlo directamente era como lanzar mis propios clavos de mi propia boca, sin ningún problema de dique ni de vergüenza de lo que debió ser la opinión de todos los chicos que estuvieron allá y que cuando les llegaba la mínima parte de lo que se les mandaba desde acá sentían que habían sido abandonados, entonces cantar desde mi generación a la gente que estaba allá y pedir en mis recitales que envés de chocolates y ponchos mandaran pasajes de vuelta, era una obligación. Yo no lo hacía por el aplauso y muchísimo menos por el dinero, lo que hubiera sido terriblemente pensar en ganar dinero utilizando los medios que se me brindaban para elevar una voz que no estaba siendo escuchada, que era la voz de los combatientes.

¿Qué efecto surtía en la gente en todo ese marco el “no manden chocolates, manden pasajes de vuelta”?
Te cuento una anécdota sobre eso. Estábamos con Enrique Symns en el Centro Cultural Congreso, y sube una chica con muy buena voluntad a pedir los rigurosos aportes solidarios de chocolates para nuestros combatientes. Yo me subo al escenario, tomo el micrófono de mala manera, y digo esto de que no manden chocolates sino pasajes de vuelta. Se armó una piñata. Se armó un despelote que Enrique Symns se escondió debajo de una mesa. Cayó la policía y se armó un tole tole más grande, que a mí en ese momento me pareció fantástico.

Lo mismo hice el 2 de mayo en el Teatro de la Fundación Astengo, abriendo un recital de Piero. En ese momento arranqué un tibio aplauso, porque dicho desde un chico era un poco inimputable, de otra manera me hubieran tirado con unos sillazos, porque me estaba tirando en contra de algo que en ese momento era casi religioso por el fervor de ese momento con la lucha, la guerra y recuperar las islas, pero yo estaba hablando desde la vida. Nada más.

Eso que podría ser una anécdota de comienzo de carrera, se convirtió después en un reflejo de la misma. Ir en contra del mensaje oficial, en contra de la moda si se quiera.
En esa época yo le dije a alguien que yo no le vendo mi alma al diablo, y ese tipo me bajó inmediatamente y me dijo andá a saber si el diablo te la quiere comprar, y fue una lección de humildad, porque para seguir cantando por fuera de lo que podía ser agradable y comercial, realmente había que estar muy convencido, y si encima podía ser uno ninguneado por el mismísimo diablo, cuál era el sentido. Cuál era la confrontación, y ahí es donde entra la parte del creador porque cuando vos creás desde tu corazón te sale lo que tenés que decir y no vas a poder darle esas vueltas del oficio como para agradar; para gustar o para estar dentro de los parámetros de producción. 

Quizás lo que más me costó fue perdonarme no ser un poco más pillo y buscar la frase que la gente aplaudiera o aceptara, pero era lo que me salía y sin querer se me fue dando, como grabar con los Redonditos de Ricota; con Lito Vitale no pudimos grabar porque no lo conocían en el estudio y no lo dejaron entrar.

Empecé muy temprano, y empecé muy temprano también en una época en donde esa vuelta a la democracia, y ese deseo y fervor de la gente de olvidar el pasado y de olvidar lo malo, algo natural del pueblo, que no estaba de acuerdo con lo que yo estaba diciendo, por lo que perdía espacio, pero no podía escribir de otra manera. Así fue que pasé varios años caminando, encontrándome con un proto Sabina, que también lanzaba clavos por la boca y decía las cosas con muchísima más autoridad.

Si bien yo seguía componiendo, a mi entender con levedad a nivel técnico, me pude aparear en el camino con gente que me rompía la cabeza.

Tiempo después se me dio formar una banda con Rodolfo García que fue La Barraca. Una banda que se arrogó el derecho de colocar dentro de su repertorio cosas que no estaban bien vistas en otros lugares. Luego empecé a rebotar por distintos caminos hasta que me metí en el tema de murgas y trabajé con murgas grandes; ayudé en la fundación de Los Atrevidos por Costumbre, y así fui llegando a la murga uruguaya y a conocer a negros uruguayos exiliados aquí en Buenos Aires con los que pude conocer un candombe de raíz, hecho en las villas de acá. Gracias a eso pude formar el grupo Afrocandombe, donde hicimos una recopilación, y seguía cada vez con más potencia, porque era lo que me faltaba, y esto es una autocrítica, porque realmente esas baladas no podían tener el golpe de un tema comercial bien producido, donde tenés un estribillo que se repite fácil, te lo pasan por la radio y a facturar. A lo que yo estaba aspirando era un poco más difícil y gracias a andar con estos morenos creo que fui agarrando más peso específico.

Después me tocó separarnos y grabar un disco en condiciones muy paupérrimas, con el mismo concepto de “Realidad” pero con canciones con más peso y autoridad.
Al par de años toqué en el subte, donde no podía tocar mis canciones sino cosas agradables para la gente y que me tiraran la monedita, pero de ahí agarré más tonicidad. Me llevó treinta años tener la tonicidad que creo que hace falta para subirse a un escenario con autoridad. A decir cosas que quizás no sean fáciles de digerir, pero con tanta tabla en este momento creo que estoy debutando desde un nuevo lugar para volver a decir lo de uno, para decir lo nuestro.

¡Hay que bajarse después de un BA Rock multitudinario como el del ´82!
De muchas cosas me baje, porque después hubieron muchísimas más, porque trabajé con músicos que hoy son de culto y de renombre, y de muchos de ellos he recibido grandes elogios. Después de todo eso irme al subte implicaba reconocer que hasta que le de a uno el piné es una cosa, pero dejar de tocar porque no tengo las condiciones adecuadas hubiera sido un pecado gravísimo porque yo tomé la decisión de seguir siendo músico. Ahora estoy muy agradecido de haberlo hecho porque gracias a eso educar a mis hijos; darles de comer y hacerme mucho más atorrante de lo que era, y es muy necesario ser mucho más duro para poder decir las cosas de uno desde un lugar menos endeble y sobre todo el estar cinco horas, ocho horas por día tocando, me dio una mejor técnica, porque la música es una disciplina que por más que se tenga un don se tiene que romper el culo para que ese don brille hasta el máximo. Cuanto mejor sea el don de uno más laburo le tiene que poner para honrarlo.

Todavía es el día de hoy en que trabajar me cuesta muchísimo pero donde voy la gente me da las gracias.

¿Te sentís satisfecho con el precio que pagaste por ser quien hoy sos?
Cuando volví de mi debút el Gordo Pierre me quiso cambiar el nombre, porque mi nombre artístico debía ser algo mucho más pegador, y fue la primera vez que me impuse porque yo no estaba queriendo ser artista, estaba queriendo decir mis cosas, entonces llamarme Pedro Conde era suficiente, y fue el primer óbolo que tuve que poner en esa alcancía de ser uno mismo. No tranzar un nombre de fantasía porque no lo necesitaba porque yo no buscaba un número en el sindicato de variedades.

Otra anécdota fue con Miguel Abuelo, que enojadísimo decía que yo podía ser el nuevo Miguel Abuelo y yo le decía que quería ser simplemente Pedro Conde. Treinta años después te digo que todavía me falta muchísimo que aprender. El nombre ya está brillante. Todavía no lo puedo poner en una chapa en la puerta de mi casa.
Sigue siendo una lucha el poder cantar mis canciones.

A mis hijos, que hoy también son músicos, no les voy a poder dejar nada material, ni una quinta ni una 4x4, pero quizás cuando caminen su camino musical se vayan encontrando con este eco, que tarda. El Vasco (Mezo Bigarrena) decía que en la Pampa no hay eco, y yo hoy le respondería que si hay, pero tarda mucho en volver.

Vos decís que no podés poner la chapa dorada en la puerta pero las herramientas no tienen porque brillar.
Ese es el oficio de uno, pero muchas veces vos necesitás difundir, divulgar ese oficio.
Hoy tenemos una ventaja que gracias a la red se ha posibilitado democratizar que todos tengamos acceso al eco. Cuando antes necesitabas una agencia; un promotor o volantear y romperte las manos con la soda cáustica, ahora podés volantear por Internet o por facebook y tenés un eco.

Yo puse mi trabajo de estos treinta años en dominio público, lo regalo, porque no estoy apostando a lo que justamente era lo anterior. La chapa dorada no es para uno, es para que papá pueda sentirse orgulloso; para que a algunos vecinos se les caigan las medias y para que alguna vecinita del barrio me de pelota, pero no más que eso.

En este momento estoy componiendo después de un vacío muy grande y los temas que estoy haciendo, gracias al oficio y al estudio, porque no he dejado de estudiar nunca, son las mejores canciones que creo que puedo componer.

Desde el oficio me estoy dando unos lujos bárbaros, pero no tengo pretensión de grabarlo porque ese es un camino paralelo.

Lo que estoy haciendo ahora habla un poquito más de las relaciones humanas y no tanto de temas tan sociales. Quizás no pueda ser apreciado masivamente ni pueda nunca poner esa chapa ni de corlock en la puerta, pero sigo haciendo lo que tengo que hacer.

Algún día vas a crecer y cuando tengas treinta vas a pensar distinto…
No creo…, pero cuando tenga treinta te cuento.

¿Cómo te surge la idea de que todas tus canciones sean de dominio público?
Porque si te cortan la difusión y no tenés el aparato adecuado o el dinero necesario dentro de los parámetros de producción, que son los términos en los que te hablan ellos, tenés dos opciones, o hacer lo que ellos te dicen o abandonar tu obra, y justamente hoy hay una tercera opción que es el dominio público. Que el que las quiere que las escuche gratis. Mi trabajo es tocar en vivo y seguir haciendo discos.

El próximo disco lo voy a vender en mis recitales, y si alguien lo quiere poner en su disquería, pero hoy me bajé de esa carrera loca y estúpida porque los demás te reconozcan tu obra.

La obra va a seguir su camino y se va a rastrear de peón a peón en un profundo murmullo como decía Atahualpa.

Ya no me preocupa si tengo eco o si puedo ir a los chinos y comprarme un champagne más caro, porque la gente que tengo alrededor me banca, porque cree en mí y no tengo hoy más necesidad que eso.

Hablame un poco del Vasco Mezo Bigarrena, que ya es una leyenda, ¿cómo surge su relación?
En marzo del ´86 nos toca ir a un festival solidario en Resistencia, Chaco, por las inundaciones. Ahí viaja también un vasco desconocido para todos. En ese momento era José Luis Mezo o el vasco, todavía no era Bigarrena que quiere decir segundo o junior en vasco, es Mezo hijo, porque él decía que Mezo padre cantaba mejor que él.
En ese viaje estaba Resistencia empapelada con mi nombre porque era la figura central y el vasco era completamente desconocido. En la habitación del hotel donde parábamos me cantó “En este barrio” y me reventó el cerebro, porque no podía entender cómo una canción, escrita por un tipo que no conocía, fuera la radiografía de todo lo que sentía en ese momento.

Más que conocer al vasco, en ese momento supe lo que es el poder la canción cruda, como pura energía.

De ser el número central de ese momento pasé a ser el fanático número uno de ese personaje completamente desconocido que era José Luis Mezo Ugarte. De ahí en adelante fueron seis años de una profunda inmensa amistad. De caminarla juntos y de pelearla juntos. De meterme en las cuevas. Yo no había curtido adoquín ni había sufrido, solamente cantaba por el don que me dio la vida, pero cuando lo conocí al vasco tuve la oportunidad de caminar por lugares muy densos, en donde no talla tu nombre ni tu chapa, tallan tus pelotas. Y si con tus pelotas salís vivo cosechás amor. Eso fue el camino con Mezo.

Para cerrar volviendo al principio. Treinta años y tu música que no claudicó jamás pero ni siquiera en lo más nimio.
Yo me la paso estudiando y la música me gusta porque me gusta.

Compraba discos como cualquiera y crecí con el rock, que aquí no fue solo un movimiento de baile sino cultural y de pensamiento. Un refugio para una generación que no terminó de se cepillada. El rock para nosotros, aparte de que es un fenómeno tan único como en Estados Unidos o en Inglaterra, se llama rock pero es bien nuestro, muy propio.
Nosotros somos parte de eso y tenemos en eso nuestro soporte, y no puedo traicionarlo porque no puedo.

Voy a seguir así hasta que me salga la canción perfecta y quizás esa si es la única meta que llevo adentro. Y será perfecta cuando a mí me emocione como me han emocionado en crudo y en vivo muchos autores que conocí por el camino. Eso es lo que quiero para darle a la gente y para mí y para mis hijos, poder tener canciones que te lleguen alma y te puedan servir, y si en algún momento me tenés que devolver algo, que sea tan alto y tan inmenso como lo que me han producido a mí esas grandes obras.

Reportaje: Hugo Delgado
Fotografía: Ernesto Velardes - Hugo Delgado

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