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» » Anatomía de una masacre femicida

(05/01/18 - Femicidio)-.El agente penitenciario que asesinó a su ex pareja, su ex suegra, la ex cuñada, la hijastra, la pareja de esta última y baleó a su sobrino tenía denuncias previas. Mariela había intentado  alejarse de él.  

Es la segunda vez en un año que en Santa Fe hay una masacre similar, y que el estado falla en los controles.  La justicia lo imputó por un femicidio, cuatro femicidios vinculados y una tentativa.  El penitenciario está preso: lo encerraron en el pabellón de policías, en la misma cárcel donde solía trabajar.

masacre-femicida1Antes de la masacre, Mariela Noguera había juntado fuerzas para separarse de Gabriel Solís, el padre de sus dos hijos más chicos. En los nueve años que duró la relación, el agente penitenciario la había golpeado y alejado todo lo que pudo de su familia. Ella había tenido otros momentos en los que había querido separarse, pero no pudo sostenerlo. Esta vez estaba decidida: había empezado a participar en las marchas de #NiUnaMenos y tenía más contención.

Lo primero que hizo fue hablar con su mamá Cuqui, sus hermanos y sobrinos. Les contó lo que ya habían visto: que él era violento, que ella no aguantaba más. “Le dijimos que no estaba sola, que no iba a estar sola”, contó Sol, sobrina de Mariela, mientras esperaba en Tribunales el resultado de la audiencia imputativa.

El 3 de diciembre, apenas se separó, lo denunció por violencia de género. “Cuando el médico policial tomó intervención no pudo constatar lesiones visibles. La víctima expresamente manifestó su deseo de no instar la acción penal”, dijo el fiscal Gonzalo Iglesias a la prensa luego de los crímenes.

Santa Fe tiene antecedentes en femicidios múltiples. Un año atrás, el 23 de diciembre de 2016, Romina Dusso denunció a su ex por violencia de género. Marcos Feruglio le había dejado un moretón atrás de la oreja y la amenaza de volver. El fiscal Andrés Marchi decidió que si Romina dejaba la casa de su mamá en Sauce Viejo y se quedaba en lo de su papá, en el centro de Santa Fe, estaría segura. Estaba equivocado. En la madrugada del 24 de diciembre Feruglio asesinó a la mamá, al papá y a la hermana de Romina y al novio de su mamá.

Un año después de aquel cuádruple femicidio vinculado de Santa Fe, la respuesta del Estado tampoco fue la que se necesitaba. No se tuvo en cuenta la peligrosidad que representaba el agresor –agente penitenciario que portaba un arma reglamentaria e hijo de otro agente penitenciario, al que vecinos y conocidos señalan, también, como una persona violenta– ni la situación de indefensión en la que estaba Mariela.

Por eso no sorprende que Mariela no lo denunciara otra vez cuando, el 23 de diciembre de 2017, pese a tener una orden de restricción, Solís la buscó en su casa y la pateó con los borcegos de trabajo –que tienen puntera de acero- en la pierna queriendo quebrársela. Cuando se fue la dejó muy lastimada, llena de moretones y con la amenaza de sacarle a los nenes si lo denunciaba de nuevo.

El viernes, después de buscar a sus hijos, Solís volvió a la casa de su ex mujer. Se metió por el patio de atrás que linda con las vías del ferrocarril y sorprendió a Aylén Soto (19) –hija de Mariela de una relación anterior– y a Yoel Airaldi (20), su novio. Les disparó y los mató.

Después llamó a Mariela y le dijo lo que había hecho. Un taxista, amigo de la infancia de Mariela, contó que ella le pidió que la fuera a buscar porque Solís la había llamado para decirle que le había quitado la vida a su hija y a su novio y que iba a continuar con su madre y otros familiares.

Cuando Mariela entró a su casa, Solís le disparó y salió a cumplir con la promesa hecha por teléfono. Fue a la vivienda de al lado, donde vivía Generosa del Carmen Loseco, la mamá de Mariela, y la asesinó. Quienes conocieron a Cuqui, como le decían todos, la describen con su primer nombre. “Era muy generosa, alegre y muy buena”, recordó Sol, una de sus nietas. Antes de su muerte había estado preparando los sándwiches para celebrar Año Nuevo junto a su gran familia.

Después de dejarla tirada en su casa, el agente penitenciario fue a otra vivienda contigua. Ahí encontró a su ex cuñada Sonia Noquera y al hijo de ella de 17 años. Primero le disparó al adolescente pero sólo lo hirió en el brazo. “Para vos no hay, quedate tranquilo”, le dijo y siguió su camino hasta encontrar a Sonia, a quien le disparó hasta matarla.

Cuando había cumplido su objetivo, y sabiendo que los vecinos habían escuchado los gritos de las víctimas y sus disparos, Solís se atrincheró en una de las casas hasta que llegó la policía. Resistió sólo unos minutos. Después de las pericias de rutina lo trasladaron a la cárcel de Las Flores.

El domingo a la mañana se hizo la audiencia imputativa. A pedido de los fiscales de Homicidios Gonzalo Iglesias y Cristina Ferraro y de la titular de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, Familiar y Sexual, Mariela Jiménez, la jueza Sandra Valenti definió la prisión preventiva de Solís y lo imputó por el femicidio de Mariela, los femicidios vinculados de Aylen, Yoel, Cuqui y Sonia y la tentativa de femicidio vinculado del hijo de 17 años de Sonia.

“Se trató de una agresión hecha en un contexto de violencia de género, en una clara situación de subordinación de quien fuera su pareja, basado en una relación desigual de poder caracterizada por el empleo de violencia tanto física como psicológica en episodios previos y reiterados”, argumentaron los fiscales.

Y agregaron: “Es evidente que la conducta del imputado se enmarca en un contexto cultural propio del patriarcado en el que la víctima estaba subordinada y en una relación de poder desigual”.

A la sala en la que se hizo la audiencia pudieron entrar sólo seis familiares de las víctimas y siete periodistas. En el hall del subsuelo de Tribunales -y separados por siete policías con escudos antitumulto- quedaron el resto de la familia, las cámaras y un grupo de militantes feministas de la Mesa Ni Una Menos Santa Fe que llegó temprano al lugar. Las que intentaron entrar un poco después quedaron en la vereda porque “por seguridad” se cerraron las puertas del edificio. En la calle, pidieron  “mayores controles sobre los agentes de las fuerzas de seguridad denunciados por violencia de género, la separación de su cargo y el retiro del arma reglamentaria, entendiendo que representa un peligro para toda la sociedad”.

Los aplausos y gritos que llegaban de afuera taparon, en varios momentos, el relato de los hechos y de las evidencias que hacían los fiscales. Abrazados en el dolor y con lágrimas, militantes y familiares coreaban: “Femicida”, “Hijo de yuta”, “Ni una menos, vivas nos queremos” y “Yo sabía, yo sabía a Solís lo cuida la policía”. La indignación creció cuando, después de la audiencia, se armó un fuerte despliegue policial para sacar a Solís sin que se lo pudiera ver.

Para la fiscal Ferraro existen pruebas suficientes para lograr la condena de Solís, más allá de que se siga reuniendo evidencia. “Muchos familiares y vecinos presenciaron, lamentablemente, este hecho y colaboraron con la investigación. Con lo cual entendemos que en la forma más rápida que se pueda vamos a ir a juicio”, expresó.

Mientras tanto, Solís estará alojado en el pabellón para policías del penal de Piñero, al sur de la provincia de Santa Fe. Es, justamente, el lugar en el que trabajó hasta el día del crimen como agente penitenciario.

Pedidos
“Nunca nos imaginamos que esto era tan grave”, dijo Roxana Soto, la tía de Aylén. La familia del papá de la joven de 19 años se había enterado de las situaciones de violencia a partir de la separación de Mariela. “Aylén nunca nos había contado los hechos de violencia que vivían. Cuando todo salió a la luz, a principios de diciembre, hablamos con Mariela y le ofrecimos nuestra colaboración. Pero no imaginamos que esta persona podía hacer semejante maldad”, reconoció.

Durante toda la audiencia, Solís no se inmutó ni por las pruebas ni por los cantos. No miró a la familia de Mariela, mantuvo la vista fija en el piso. Esa actitud indignó a los familiares. “Nada nos va a devolver la vida de mi abuela ni del resto de la familia. Por eso esperamos que se pudra en la cárcel”, dijo Sol.

Y Roxana reafirmó: “Quiero que se haga justicia no sólo con esta persona sino con su entorno porque entendemos que no era el único violento de su familia. Para poder calmar tanto dolor y tanto sufrimiento esperamos que se haga justicia”.

Por Victoria Rodríguez, Cosecha Roja

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