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» » Vivir con el torturador de vecino

(01/01/18 - Memoria, Verdad y Justicia)-.El genocida gozará del beneficio de la prisión domiciliaria en una casa en Mar del Plata. El repudio de sus vecinos. "Que este tipo no esté en la cárcel da mucha bronca", concluyeron. 

Lo que afuera es indignación, adentro es temor. A dos días de que la Justicia le otorgara el beneficio de prisión domiciliaria a Miguel Ángel Etchecolatz, y en medio de un rechazo social generalizado, APU se hizo presente en el Bosque Peralta Ramos, barrio en que se hospedó el represor, para saber qué opinan sus vecinos.

Cabe señalar que el genocida de 88 años fue condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad y arribó hoy cerca de las 5 de la mañana a su domicilio, ubicado en la calle Boulevard Nuevo Bosque. A la hora de su llegada, miembros de la prefectura se acercaron al hogar para colocarle la pulsera de monitoreo electrónico.

La densidad del tema hacía suponer que las respuestas, si es que había, serían escuetas. Sin embargo sucedió todo lo contrario: quienes ya comparten cuadra y manzana con Etchecolatz alzaron la voz. Algunos prefirieron hacerlo desde el anonimato; otros, con nombre y apellido.

El vecino genocida
“¿Qué me genera lo de Etchecolatz? Miedo, me genera mucho miedo, mis nenes van a andar en bici y van a pasar por la casa de un genocida. Es terrible lo que está pasando, no puedo entender cómo es que este hombre está en su casa. Miedo, también, porque andá a saber la gente que puede traer este tipo al barrio, es un ser muy oscuro. Y aparte porque ya se está hablando de que van a hacer escraches, y eso. Es todo muy triste, realmente”, aseguró Viviana, ama de casa y madre de dos hijos. Es vecina del barrio hace doce años, y ahora tendrá a Etchecolatz a menos de dos cuadras.

Por su parte, Macedonio Menna, 34 años, es habitante del Bosque Peralta Ramos desde que nació. Es diseñador gráfico y artista. “Para arrancar, me gustaría decir que la cuestión de que estos tipos puedan tener estos privilegios me genera impotencia, bronca y odio, todo junto”, describió.

Y siguió: “Deberían estar pudriéndose en la cárcel, pero bueno, creo que es coherente con los tiempos que corren: es una imagen de la realidad. Ayer, hablando con un amigo, él me decía que acá ya hay varios escondidos, este barrio es el Bariloche de los nazis. Parece que es un refugio para estos hijos de puta. Y ahora este Etchecolatz, este hijo de puta, va a pasar sus últimos tiempos en el paraíso. Por lo menos espero que no pueda salir de su casa”.

La impunidad se siente
El siguiente testimonio es el de Gabriela Dei’Cas, una docente jubilada. Es vecina hace seis años del barrio. “Estoy muy preocupada. Siento una sensación fea, una mezcla de cosas muy feas. Tristemente, impunemente, vamos a tener a este tipo de vecino. No es lo que quiero, no es lo que necesita nuestro país, nuestra democracia”, analizó.

Y precisó: “Esto es avasallar la democracia, es remover tiempos muy oscuros. Siento la impunidad. Es terriblemente injusto. Ni siquiera le cabe la palabra ‘injusticia’, es asqueroso directamente. Pero, bueno, en fin, es muy triste, todo lo que está pasando en el país es tristísimo, y ahora tenemos esto. Y además siento vergüenza de que haya perseguidos políticos, de que Milagro Sala esté presa. Todo es terrible, y esto fue el remate”.

En la misma línea se expresó Laura, ama de casa y habitante local hace más de once años. “Que este tipo no esté en la cárcel y esté acá tan cerca de casa, de mi familia, y de todas las familias del barrio me da mucha bronca y mucho miedo. Esto es el comienzo, no sabemos cómo puede terminar. Yo no quiero que mi hijo y mi hija ni siquiera pisen la cuadra en donde va a vivir esta basura de persona. Espero que todo esto cambie, que de alguna manera cambie”, señaló.

Por último, el relato de la única persona que preferió el anonimato. “Ya estábamos al tanto de lo que podía pasar. Acá dicen que hay varios de los que hicieron todas estas cosas en la dictadura. No entiendo cómo es que están libres, es decir, en su casa, cuando hay tantos otros que por hechos menores están en la cárcel”, dijo. Y cerró: “Sí, me da miedo, más que nada por la gente que este hombre pueda traer al barrio, a su casa”.

Las palabras y los gestos
Hubo vecinos que, de manera involuntaria, también aportaron su testimonio. Son aquellos pocos que no quisieron responder pero dejaron un cúmulo de gestos y repentizaciones atemorizadas que evidenciaron todo la carga que trae consigo la llegada de Miguel Etchecolatz al barrio del sur de la ciudad balnearia. Algunos ni se animaron a atravesar la puerta de su casa. Otros, se desligaron rápido al tiempo que echaban miradas para ambos lados.

Por otra parte, las repercusiones del hecho en el ámbito político y social no tardaron en llegar. Distintos bloques políticos y organismos de derechos humanos coparon el Concejo Deliberante para repudiar la presencia de Etchecolatz con un pedido elocuente: “Fuera genocidas de Mar del Plata”. A pesar de la unión entre diversas fuerzas, quien resaltó por su lamentable indiferencia fue el intendente Carlos Fernando Arroyo, referente máximo de Cambiemos en la ciudad. Cuando lo consultaron sobre el caso, dijo que “no puedo opinar porque no conozco el expediente”. Y por último, ante un posible escrache en el nuevo domicilio del represor, sentenció: “Los ciudadanos tenemos la obligación de cumplir la ley”.

Las palabras del jefe comunal no hacen más que dejar al descubierto la postura conservadora y pro-militar del oficialismo. Esas palabras y esos gestos generaron una respuesta casi instantánea en la militancia social y política. Hoy (29 de diciembre), desde las 19, habrá una marcha en el centro de la ciudad que promete ser multitudinaria.

Como si todo esto fuera poco, un grupo de abogados querellantes en causas de derechos humanos solicitaron al Tribunal Oral Federal 1 de La Plata “garantizar la seguridad, protección e integridad” de las víctimas del condenado. Pidieron, a su vez, que “revean el lugar de residencia” del represor por habitar allí uno de los testigos que fue víctima de su accionar durante la última dictadura.

“Nuestro querellante, testigo y víctima por el cual Etchecolatz fue condenado, se domicilia en el mismo barrio donde residirá el genocida luego de que la justicia dispusiera el cumplimiento de la prisión domiciliaria “, señalaron los abogados Guadalupe Godoy y Emanuel Lovelli.

Lo cierto es que, como aclarábamos en un comienzo, en el Bosque Peralta Ramos se palpa una clara incomodidad que en cuestión de algunas conclusiones se transforma en temor. Mar del Plata, nuevamente, en el ojo de la tormenta.

Por Branco Troiano, APU

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