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» » Escándalos de pederastia ensombrecen a gobierno e iglesia australianos

(24/02/18 - Australia)-.''Tragedia nacional'' fue el calificativo otorgado por la comisión responsable de investigar durante cinco años las miles de quejas sobre abusos sexuales contra menores de edad cometidos en instituciones estatales y religiosas de Australia.

El proceso investigativo iniciado en 2012 y encabezado por el juez Peter McClellan, Jefe de la Comisión Real de Respuestas Institucionales al Abuso Sexual Infantil, arrojó un informe final con más de 400 recomendaciones donde la Iglesia Católica resultó mal parada, ya que expuso a la luz pública los delitos cometidos en sus centros desde la década de 1920.

Más de cuatro mil 500 denuncias fueron atendidas contra unos mil 880 miembros de esa institución, fundamentalmente sacerdotes, por las que testificó el cardenal australiano George Pell, responsable de las finanzas del Vaticano, y que hoy enfrenta cargos penales por el mismo delito.

Sin embargo, el abogado defensor de Pell, Robert Ritcher, consideró imposible que las acusaciones contra el prelado hayan ocurrido cuando compareció por segunda vez en octubre pasado ante la corte de magistrados de Melbourne.

Según se ha previsto, unas 50 personas podrán ser convocadas a declarar cuando Pell, ex arzobispo de Melbourne y Sídney y funcionario de más alto rango de la Santa Sede procesado por pederastia, enfrente una audiencia preliminar de cuatro semanas a partir del 5 de marzo próximo para determinar si va a juicio.

Hasta el momento el acusado niega todos los cargos que se le imputan. Pero no solo Pell fue salpicado en este escándalo; el cura Gerald Ridsdale, de 83 años, está en prisión desde 1994 y en agosto de 2017 amplió su condena a 11 años por comprobarse su abuso a 12 niños.

La jueza Irene Lawson, del tribunal del distrito de Victoria, declaró que las acciones de Ridsdale fueron violentas y abusivas, y aprovechó el confesional y el presbiterio para atacar a los infantes que ya suman 65.

Asimismo, el arzobispo de la ciudad australiana de Adelaida, Philip Wilson, compareció en diciembre de 2017 ante un tribunal por presuntamente encubrir un caso de pederastia en la década de 1970, luego de determinarse que estaba apto para declarar a pesar del Alzheimer que padece.

Wilson fue acusado de no informar sobre los abusos cometidos en 1971 por el sacerdote James Fletcher, ya fallecido, contra un niño en la región de Hunter Valley, Newcastle, cuando lo supo cinco años más tarde.

Aunque los abogados defensores alegaron que la enfermedad del arzobispo afectaba sus funciones cognitivas, la instancia judicial local decidió que podía prestar declaraciones luego de que un informe médico lo confirmara.

Recomendaciones no bien vistas por la Iglesia Católica australiana 

La comisión liderada por McClellan recomendó a la Conferencia de Obispos del país que solicitara al Vaticano enmendar la ley canónica para que el celibato no sea obligatorio, definir el abuso sexual infantil como un crimen y no aplicar el secreto de confesión en casos de pederastia, entre otras.

En su informe final reconoció que si bien el celibato no es la causa directa de esos delitos, contribuye a su ocurrencia combinados con otros factores de riesgo que pueden provocar disfunciones psicosexuales y mentales.

Todos los ministros -añadió- sin importar de cuál iglesia procedan, serán obligados a reportar informaciones sobre casos de abusos sexuales de menores si son obtenidas en confesiones y exámenes previos para los aspirantes a cargos importantes dentro de la institución religiosa con acceso a niños.

A pesar de que las recomendaciones tienen como objetivo evitar que esos delitos ocurran en el futuro, el arzobispo de Melbourne, Dennis Hart, defendió el secreto de confesión.

Hart resaltó que el secreto de confesión en relación con dios transmitido a través del sacerdote y la persona es inviolable, y que el cardenal secretario de Estado lo notificó así a los obispos en octubre pasado.

¿Pederastia solo en Australia? 

Lamentablemente el abuso sexual infantil en instituciones de la Iglesia Católica no sólo compromete a Australia, igual o peor de abrumadores resultan los cometidos en Estados Unidos e Irlanda.

Investigaciones revelaron que en Washington fueron conocidos los primeros casos de pederastia desde la década de 1990, fundamentalmente en orfanatos o escuelas donde también estuvieron involucrados estudiantes de seminarios entre las víctimas.

La triste realidad estadounidense, con más de mil 300 casos comprobados desde 1950, fue llevada al cine en la cinta Spotlight ('En Primera Plana'), que mostró los resultados de la investigación realizada por un equipo de periodistas del Boston Globe.

Irlanda, por su parte, que se definía como el país 'más católico del mundo' y hoy es reconocido por las atrocidades cometidas en su Iglesia, investigó esos hechos en lo que se conoce como 'El Informe Ryan' que luego de 10 años de pesquisas comprobó el abuso sistemático y su encubrimiento por décadas.

Ese informe final de 700 páginas presentado en 2009 detalló violaciones, palizas, sexo oral forzado con niños tratados como prisioneros, entre otras.

Esos delitos eran desconocidos porque la política de la Arquidiócesis de Dublín era de discreción, para 'evitar los escándalos, y proteger la reputación y los bienes de la Iglesia', precisó el documento.

Asimismo, sostuvo que los abusos sexuales, el maltrato físico y psicológico a menores en instituciones católicas era un problema 'endémico'.

Australia pide disculpas e indemnizará a víctimas de pederastia 

El primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, pidió disculpas a las víctimas de abuso sexual infantil en instituciones estatales y religiosas, y expresó que su gobierno indemnizará a los afectados antes de que concluya el año.

Turnbull presentó al parlamento los resultados de la comisión que investigó durante un lustro las violaciones cometidas por personas que debieron cuidar a los infantes y aseguró que haría lo posible para que esa tragedia nacional no se repita nunca más.

Aunque el anuncio de Turnbull pueda mejorar en alguna medida la economía de las víctimas, no borrará los años de maltratos físicos y mentales y la vergüenza sufrida y tampoco menguará la desconfianza de la sociedad en quienes juraron amar al prójimo como a sí mismos.

Por Nara María Romero, PL

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