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(04/03/18 - Gestión Macri, La Nación Inventada)-.A propósito del discurso del presidente Mauricio Macri en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, donde habló de "crecimiento invisible" y retrato una República Argentina que la gran mayoría solo encuentra en alucinaciones presidenciales CEPA, el Centro de Economía Política Argentina realizó un informe que brindamos a continuación en forma íntegra.

Informe de CEPA
El Presidente Mauricio Macri en su discurso de apertura de sesiones legislativas
del Congreso de la Nación vertió datos sobre la economía argentina que poco se
condicen con las cifras de fuentes oficiales. Unos días antes, el periodista del
diario La Nación Joaquín Morales Solá en la nota “La derecha y la izquierda,
contra Macri” (publicada el domingo 25 de febrero), detalló asimismo una serie de
apreciaciones relativas al devenir económico, expuestas en privado por el
Presidente, que revelan una llamativa distancia con la información existente. A
continuación proponemos un repaso por los mismos.

El pasado jueves el presidente aseveró que los argentinos “estamos
creciendo”. Lo cierto es que los datos de crecimiento lejos están de ponderar la
gestión de Cambiemos. Como refleja el informe de CIFRA, entre 2015 y 2017 la
tasa anual acumulativa fue sólo de 0,1%, superando el 0,4% de crecimiento entre
2011 y 2015. El PBI cayó 2,2% en 2016 y se recuperó a 2,8% en 2017, por lo que
se ubica prácticamente al mismo nivel que en 2015.




Mauricio Macri también afirmó que “La desocupación está bajando y el total
de trabajadores registrados aumentó en casi 270 mil”. En la misma línea
Morales Solá había indicado: “En el último diciembre se constató el mayor número de empleo privado registrado desde 2012. Hay 55.000 empleados en blanco más que en diciembre de 2015, cuando se fue Cristina”.

El aumento del empleo registrado, que arroja un total de 313 mil nuevos puestos
desde noviembre 2015 a diciembre 2017 (según la serie desestacionalizada de
base SIPA), tiene un importante protagonismo de los monotributistas. 

La suma de los independientes autónomos, monotributistas en general y monotributistas
sociales arroja un total de 194,9 mil puestos de trabajo entre noviembre 2015 y diciembre 2017, lo que explica el 62% de la creación de empleo durante el gobierno de Cambiemos. Y si a los monotributistas agregamos el empleo público y los asalariados de casas particulares, el 94% del nuevo empleo se explica por esos rubros.

El empleo privado sólo creció en 18 mil puestos, un 6%, aunque en contraste el
empleo público tuvo más dinamismo, con un aumento de 65 mil puestos de trabajo
(21% del empleo nuevo total en igual periodo).

Entonces, en el sector privado (y al igual que ocurre con los números de
crecimiento económico), los datos nos ubican en un lugar similar a 2015: había
6,250 millones de puestos de trabajo en noviembre 2015, y el último dato de SIPA
indica un total 6,268 millones.




La PEA (Población Económicamente Activa) para el universo de la población
asciende a 20.436.000 aproximadamente. En los últimos 2 años (desde 4to
trimestre 2015 al 4to trimestre de 2017), la estimación del crecimiento asciende a
532 mil personas. De esos 20,4 millones que constituyen la PEA, el empleo total
registrado representa el 60,5% y el solamente el empleo registrado privado es la
mitad (6,3 millones de trabajadores). Luego, se constata un 8,3% de desocupados
y el resto es empleo no registrado. 

De acuerdo al aumento de la Población Económicamente Activa, los trabajadores
registrados totales deberían haber crecido en aproximadamente 322 mil y
alcanzaron efectivamente 313 mil, aunque con enorme participación de
monotributistas. Pero, en el caso de los trabajadores registrados privados,
deberían haber crecido en 164 mil y solo lo hicieron en 18 mil.
Al interior del sector privado, es de destacar que el empleo industrial se retrajo
sensiblemente. De 1,4 millones en diciembre 2015, dos años más tarde la cae a
1,188 millones.




“Los salarios le ganaron a la inflación” fue otra aseveración del discurso
presidencial. Con la publicación de los datos del Ministerio de Trabajo el
miércoles 28 de febrero se dio a conocer un aumento de los salarios de los
trabajadores registrados privados de un 2,8% en 2017. Sin embargo, en 2016
habían caído 5,4%. Si miramos la película completa, en promedio, hoy los
registrados tienen una pérdida acumulada de 2,7% respecto de 2015. Y aún en
peor situación se encuentra el poder adquisitivo de los jubilados: 7% por debajo de
2015.

Macri también dijo: “la inflación está bajando (…) No sólo queremos bajarla.
Queremos que nunca más sea un instrumento de la política como lo ha sido
durante más de 70 años”. Los datos de inflación del Instituto Germán Abdala
muestran que la inflación de 2016 pegó un saltó significativo respecto de 2015
hasta llegar al 39,1% (y según IPC Ciudad de Buenos Aires llegó al 41%). En
2017, por su parte, la “reducción” de la inflación luego haberla elevado, no logró
perforar el nivel heredado de 2015, ubicado en 23,5% (incluso para Jorge Todesca
la inflación en 2015 se ubicó “entre 23-24%”). Según ITEGA en 2017 la inflación
cerró en 26,6% y para el INDEC lo hizo en 24,8%.




“Tenemos récord en venta de autos y de cemento” dijo efusivamente el
Presidente. Es cierto que el patentamiento de autos ha crecido significativamente:
si se compara el promedio de patentamientos mensuales en el bienio 2014-2015
respecto del bienio posterior (2016-2017), hubo un 37% de incremento. Pero este
dato esconde que al mismo tiempo se produjo una caída de la producción
automotriz: las ventas son de autos importados. La producción local se redujo en
16% mientras que la importación aumentó un 60%, según datos de ACARA y
ADEFA. Como previsible correlato, los puestos de trabajo del sector cayeron en
más de 2 mil en los primeros dos años de Cambiemos.
Por su parte, si vamos a los datos de cemento, el consumo anual de Portland en
bolsa y a granel en 2017 sumó 12,124 millones de toneladas, cuando en 2015
había sido de 12,125 y en 2016 10,823. Difícil de visualizar el “record”.

"Después de décadas de desorden, llegó el momento de ser serios con el
equilibrio fiscal. Es la plata de los argentinos. Administrarla con
responsabilidad es nuestra obligación" fueron las frases que refirieron al
problema del déficit fiscal. Cuando se observan los datos del Ministerio de
Hacienda, se constata que -por un lado-, el déficit primario no mostró importantes
variaciones entre 2015 y 2017. Ahora bien, si quitamos el efecto del ingreso
extraordinario por el blanqueo de capitales, pasaría del 3,8% del PIB en 2015 al
4,3% en 2017, según datos de CIFRA. Pero la clave es que el gobierno está
sosteniendo ese déficit con un creciente déficit financiero a partir de intereses
pagados por la toma de deuda. Los intereses pasaron del 1,4% al 2,2% sobre el
PIB. Ello implicó que el déficit financiero llegara a ser el 6,1% del PIB en 2017.

Esta creciente brecha entre el déficit primario y financiero es un fenómeno típico
de los años 90.

Si bien fue un tema ausente en la apertura de sesiones del Congreso, en la
nota de La Nación del domingo 25 de febrero, se afirma que el Presidente
“descree de la alarma generalizada por el déficit de la balanza comercial”. 

Se trata de un tema sumamente sensible de las cuentas nacionales. Al observar los
datos de ICA-INDEC se constata que en 2017 la balanza comercial es negativa en
8.515 millones de dólares. Y no sólo eso: la proyección del propio Gobierno indica
un aumento del déficit comercial en 2018. En el presupuesto 2018 se prevé un
déficit de 5,6 mil millones de dólares, un aumento respecto del valor estimado a
2017 de 4,5 mil millones (que a fin de año precisamente quedó desactualizado).
Asimismo, al analizar las proyecciones para los próximos 4 años, el presupuesto
prevé un 25% de aumento del déficit en 2018, 7% de incremento en 2019, 15% en
2020 y 10% en 2021. En suma, lejos de ser una alarma transitoria, el gobierno
nacional está estimando un déficit comercial creciente.

Ello tiene un agravante: incluso con estas proyecciones de déficit crecientes, las
importaciones están subestimadas en valores absolutos (dólares). El presupuesto
indica que las importaciones de 2017 iban a ser de 63,3 mil millones de dólares,
cuando ascendieron finalmente a 67 mil millones, lo cual incrementó en 3,5 mil
millones en déficit comercial anual. Entonces, si partimos del valor real de déficit
en 2017 y proyectamos según las variaciones previstas en el presupuesto
mencionado, el déficit comercial en 2021 alcanzaría los 14,3 mil millones de
dólares.















"El 80 por ciento de las importaciones fueron bienes de capital o insumos
para la industria argentina. Solo el 20 por ciento de las importaciones
correspondió a bienes de consumo”.

También con datos de INDEC, vemos que el peso de las importaciones de bienes
de consumo sobre las importaciones totales muestra un claro aumento en 2016 y
2017. En el cuadro a continuación se observa que el valor (que no es del 20%
como indica la nota), asciende a 13,3% y 13,4% en 2016 y 2017 respectivamente,
2 puntos porcentuales por encima de 2015 y casi 3 puntos arriba del nivel de
importaciones de bienes de consumo de 2011 a 2014. El año 2009, en efecto, da
cuenta de un aumento de su incidencia por la caída general de las importaciones
en un contexto recesivo a nivel global y local (e incluso en ese escenario, las
importaciones de bienes de consumo están por debajo del nivel de 2016 y 2017).



Por otro lado, en lo que refiere a las importaciones de bienes de capital (la suma
de “bienes de capital”, “bienes intermedios” y “piezas y accesorios para bienes de
capital”) en el periodo 2003 a 2015, fueron en promedio el 73% de las
importaciones totales. En 2016 alcanzaron 70% y en 2017 cayeron al 68%. 

La nota sugiere que Argentina mantiene un camino de industrialización que los datos
oficiales impiden sostener con la misma vehemencia.

El Presidente “se alegró, en cambio, que cerca de un 30 por ciento de las
exportaciones fueran de origen industrial”.

Este dato no es para nada novedoso. Desde 2003 a esta parte siempre las
exportaciones industriales estuvieron rondando ese nivel -e incluso llegaron al
35% en 2010 y 2011-. 

Particularmente en 2017 se recuperan de una caída en el
año anterior, llegando al mismo nivel que 2015: 32%. Entre 2004 y 2015 las
exportaciones industriales aumentaron 45% en cantidades (en promedio, respecto
del 2004). 

En 2016, sólo se ubicaron 17% por encima de 2004 y en 2017, el “éxito”
fue un 27,6% más que en 2004.




“Vamos a dejar de endeudarnos” fue otra aseveración el pasado 1 de marzo
que, ante los datos expuestos, resulta poco fiable. Según el Instituto Abdala, si
en 2015 el peso de la deuda externa del sector público nacional sobre el PBI
ascendió al 14,1%, el 2016 creció al 18,1% y para 2017 asciende al 21,4%. 

El agravado agujero comercial –que se financia con endeudamiento, al igual que la
fuga de divisas- no sólo estuvo invisible en el discurso presidencial sino que no
parece tener un abordaje desde la política económica, que por ahora sólo ha
tenido éxito en la colocación de letras y bonos. 

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