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» » Bayas, la ciudad sumergida en el golfo de Nápoles

(23/07/18 - Arqueología)-.En la década de 1940, unas fotografías aéreas realizadas por el piloto Raimondo Baucher en el golfo de Pozzuoli, 23 kilómetros al norte de Nápoles, revelaron un amplio conjunto de estructuras ocultas en el fondo del mar. 

Las imágenes crearon gran expectación y llamaron la atención de aficionados y estudiosos, siempre atentos a nuevos hallazgos arqueológicos en un área muy próxima a los célebres yacimientos de Pompeya y Herculano, perfectamente conservados gracias a la erupción del Vesubio del año 79 d.C.

Pronto se comprobó que esta erupción no fue la única que propició milagros arqueológicos en la región. Desde principios de la Edad Media, un proceso denominado bradisismo, característico del área volcánica vesubiana, había hundido en el mar gran parte de la costa entre Pozzuoli (la antigua Puteoli) y Cumas, y con ella un conjunto de lujosas construcciones romanas que la arqueología podía ahora rescatar. 

Los restos detectados en las fotografías se encontraban en el pequeño golfo que se extiende ante Bayas, la antigua Baiae. Este lugar era ya conocido por los arqueólogos y amantes de las antigüedades, pues allí, en el área costera que no se había sumergido, se conservaban importantes vestigios arquitectónicos de época romana como edificios termales con salas abovedadas y cúpulas, e incluso restos de lo que pudo haber sido un palacio imperial de finales del siglo II.

Área residencial
A lo largo del siglo I a.C., la zona se desarrolló como lugar de retiro y diversión para los romanos ricos, y luego para los emperadores, debido a la calidad de sus aguas. Autores clásicos como Horacio, Estacio y Marcial elogiaron su belleza, mientras que otros, como Séneca y Varrón, criticaron los vicios y excesos de sus ricos inquilinos estacionales.

Por otra parte, en 37 a.C. se emprendió en el golfo de Pozzuoli la construcción de un gran complejo portuario, el llamado Portus Iulius, destinado a servir de base a la armada romana. El puerto estaba cerrado por un muelle de 371 metros de longitud, que iba desde Pozzuoli hasta punta Epitafio, y comprendía dos grandes «lagos», el lacus Avernus y el lacus Locrinus. 

Más allá de la punta Epitafio o el Portus Iulius conectaba con la bahía de Bayas, que también se cerró mediante una serie de construcciones para formar un tercer «lago» o puerto, el Baianus lacus. El puerto de Bayas tuvo un carácter de recreo y comercial, y en él se construyeron una serie de villas residenciales con espectaculares vistas al mar.

Entre los siglos III y V, y de nuevo entre los siglos VII y VIII, los movimientos tectónicos de nidos como bradisismo provocaron el hundimiento de gran parte de la costa entre Pozzuoli y Cumas, incluida Bayas. Pese a ello, ésta mantuvo su fama como balneario: en el siglo VI, el rey godo Atalarico y su secretario Aurelio Ca- siodoro recomendaban la zona por sus aguas termales, y durante el Renacimiento humanistas como Flavio Biondo y Ciríaco de Ancona mencionaban las propiedades terapéuticas del agua del golfo. A finales del siglo XV se construyó, sobre restos de época romana, el castillo Aragonés, sede del Museo Arqueológico de Bayas, donde se reunieron los hallazgos arqueológicos que se realizaban en la zona.

Primeros hallazgos
Siguiendo la pista de las fotografías de Baucher, en 1959 se realizaron las primeras prospecciones submarinas a cargo de Nino Lambolia –precursor de la arqueología subacuática italiana– y bajo las directrices de Amedeo Maiuri. Se escogió para ello una zona del golfo de Bayas a orillas de punta Epitafio, en cuyas inmediaciones habían aflorado, de manera fortuita, diversas esculturas, elementos arquitectónicos y estructuras desde 1920, durante la urbanización de la zona portuaria. Valiéndose de los medios disponibles entonces, los exploradores hallaron, a 6 metros de profundidad, una calle enlosada, bordeada por dos edificios y restos de estructuras que continuaban mar adentro.

Diez años después, en 1969, la marea descubrió, en el ábside de un edificio, dos esculturas de mármol de gran calidad: ambas formaban parte de un grupo escultórico entre cuyos personajes se reconoció a Odiseo (Ulises), lo que parecía estar relacionado con una antigua tradición que recoge Estrabón, según la cual Bayas derivaría su nombre de un personaje de la Odisea de Homero, el timonel Bayo, enterrado allí por Odiseo.

Según una tradición, el nombre de Bayas derivaría de Bayo, un compañero del héroe Odiseo

En 1980, la primera excavación subacuática sistemática puso al descubierto diversas estancias ricamente decoradas con mármoles. Los investigadores concluyeron que las estructuras correspondían a un complejo termal y a un ninfeo –un espacio con función de triclinio o sala de banquetes–, construidos en época del emperador Claudio (41-54). 

El ninfeo tenía una planta rectangular rematada por un ábside –donde habían aparecido las estatuas del grupo escultórico de Polifemo y Odiseo–, así como una serie de nichos ornados con dos estatuas de Dioniso, una de Antonia la Menor, madre del emperador Claudio, y posiblemente una hija de éste. Las paredes estaban decoradas con mármoles polícromos. Se especula con que las termas y el ninfeo formasen parte de una residencia imperial.

Mansiones de lujo
El trabajo de los arqueólogos desveló también otros restos sumergidos en la misma zona. Entre ellos destaca la denominada villa de los Pisones, una lujosa residencia con una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados. 

El complejo, situado a unos 150 metros de la costa y a unos ocho metros de profundidad, fue construido a finales del siglo I a.C. y constaba de diferentes estancias termales y residenciales distribuidas en torno a un amplio jardín porticado; la zona abierta al mar estaba dispuesta en terrazas. 

La villa contaba con una serie de piscinas ligadas a la actividad pesquera. Los restos de mosaicos y pinturas de algunas habitaciones manifiestan la riqueza de sus propietarios. El nombre de la familia de los Pisones aparece en sellos de plomo hallados en tuberías del complejo, lo que ha llevado a identificar esta residencia con la villa de Cayo Calpurnio Pisón en Bayas, donde Tácito sitúa el origen de la conjura liderada por este personaje contra Nerón. Al final, el emperador confiscó la propiedad y se cree que el complejo fue remodelado para acoger una segunda villa marítima en época de Adriano (117-138).

La villa de Protiro
La zona urbanizada de Bayas se comunicaba hacia el suroeste con otras propiedades a través de una calle a la que se abrían numerosas tabernas y que conducía a la entrada monumental de otra villa privada con vistas al Baianus lacus. Los arqueólogos la bautizaron como villa de Protiro porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada (en griego, pro thyra). 

La villa se dividía en dos secciones, una residencial y otra de termas privadas, separadas por una piscina de agua marina anqueada por numerosas esculturas. Destacan algunas estancias decoradas con mosaicos geométricos de tema mitológico y revestimientos de mármol. En la zona también se han hallado restos de pórticos y otras estructuras.

La villa de Protiro bordea el canal de más de doscientos metros de largo que comunicaba el mar con el lago artificial, y que ahora está hundido a entre seis y ocho metros de profundidad. Se cree que más allá de este canal, en la mitad meridional del muelle que cerraba el Baianus lacus, había construcciones similares, pero no se conservan restos debido a la erosión causada por siglos de fondeos y actividades portuarias. En esta zona tan sólo se han recuperado restos de estructuras asociadas a la pesca y algunos cimientos.

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