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» » "La impunidad es un incentivo para que continúen los crímenes"

(10/12/18 - Abuelas de Plaza de Mayo)-.En el marco del 75° aniversario de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (Ibero), la titular de Abuelas Estela de Carlotto (foto) fue la oradora central del Décimotercer Foro de Derechos Humanos. 

En la casa de estudios jesuita, su participación resultó inspiradora para la comunidad educativa. A continuación, los principales pasajes de su conferencia “Búsqueda de verdad y justicia a través de las décadas. ¿Cómo enfrentar y terminar con la práctica de la desaparición forzada en América latina?”.

“Hacía seis meses que nuestras hermanas, las Madres de Plaza de Mayo, habían convertido la orden policial de ‘circular’ en ‘la ronda de los jueves’. Pero aquel jueves de 1977 una madre preguntó: ‘¿Quién está buscando a su nieto o tiene a su hija o nuera embarazada?’. Un grupo comprendimos que debíamos organizarnos para buscar a los hijos de nuestros hijos y fundamos Abuelas de Plaza de Mayo.

Presentamos escritos, recorrimos orfanatos, nos entrevistamos con autoridades. La respuesta fue el silencio. Mientras la dictadura agitaba su campaña ‘los argentinos somos derechos y humanos’, las Abuelas aportamos archivos a la nómina de 5.566 casos de desaparición que todos los organismos elevamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. Y nos lanzamos al mundo a difundir nuestra búsqueda.

Los datos que recogíamos demostraron la existencia de una práctica sistemática de apropiación de bebés. El 19 de marzo de 1980 logramos nuestra primera restitución. Entre 1980 y 1983 localizamos a cinco niños más. A la vez iniciamos averiguaciones para saber si existía algún elemento de la sangre que permitiera probar la pertenencia familiar de un individuo.

En Estados Unidos visitamos a un grupo de científicos. ‘Lo que piden es posible, pero nunca se hizo’, nos dijeron. Un año más tarde, con la ‘primavera democrática’ en la Argentina, habían logrado la técnica para identificar a nuestros nietos.

En 1994 se sancionó en Argentina la ley N° 24.321 que incorporó la figura de ‘desaparición forzada’ en la legislación. Fue un hito importante en un largo camino de los organismos no sólo de mi país sino de toda la región.

Ya en 1981 quedó constituida la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos (FEDEFAM), siendo Abuelas miembro fundador e integrante hasta hoy.

Avanzamos comprendiendo la gravedad de la desaparición forzada y con ella la violación de otros derechos. Durante los años 80, nuestras iniciativas lograron resoluciones de la OEA, de la ONU, del Consejo de Europa, hasta que en 1992 la ONU adoptó la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas. En el medio, en 1994, América se convirtió en la primera región en contar con una Convención contra las desapariciones.

Han sido pasos vitales pero insuficientes. Los casos del pasado –que para quienes buscamos desaparecidos con vida es presente– en buena parte no han sido resueltos, y ante los casos actuales, vemos que los Estados no han adoptado las medidas necesarias.

Entre las causas de esta persistencia de las desapariciones está la falta democratización de las Fuerzas de Seguridad así como la intervención de las FFAA en seguridad interior. Además continúan existiendo sistemas judiciales que, en vez de investigar, encubren. La impunidad es un incentivo para que continúen los crímenes. Ustedes, en México, lo saben bien.

La pregunta de esta charla es una pregunta sobre cómo terminar con la impunidad. Lo fundamental es la organización y unidad de las víctimas. También es imprescindible que estas luchas no queden solo en los familiares. Tenemos que quebrar la indiferencia. La solidaridad internacional es un pilar fundamental.

Es indispensable buscar alternativas legales. Si la justicia rechaza las denuncias, debemos volver a presentarlas. En Argentina, en 1998 conseguimos que el ex dictador Videla fuera detenido por haber montado un ‘Plan Sistemático de Apropiación de Niños’.

Quiero detenerme en esta experiencia. En 1985, Videla y los ex dictadores fueron condenados en el “Juicio a las Juntas”, aunque no por todos sus crímenes. Nosotras ya buscábamos 500 nietos, pero la justicia, con sus arbitrariedades, solo consideró 11 casos. Los jueces absolvieron a los genocidas por las apropiaciones porque consideraron que eran… ¡muy pocos casos!

Luego vinieron las leyes de impunidad, pero éstas no amparaban el robo de niños. Así, durante años, paradójicamente las únicas desapariciones que continuaban investigándose eran las de nuestros nietos. Hasta que un día, un grupo de abogados nos propuso abrir una nueva causa contra Videla por la apropiación de nuestros nietos. Ahora se trataba de decenas, nadie podría decir que eran casos aislados.

La impunidad había dejado un resquicio. Sin embargo, para que terminara de caer, faltaba el impulso político que llegó cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia en 2003. Esto permitió que el Parlamento y la Corte ordenaran reabrir las investigaciones por nuestros 30.000 desaparecidos.

Cuando dimos nuestros primeros pasos no teníamos idea que estábamos construyendo un derecho. A medida que avanzamos, aparecieron problemas que tratábamos de solucionar. Cada solución, a su vez, traía nuevos interrogantes. Y así, sin proponérnoslo, fuimos desarrollando las herramientas que hoy están disponibles para la garantía del derecho a la identidad en todo el mundo.

Pero no sólo hemos obtenido avances a nivel normativo. Logramos la creación de un Banco Genético; conseguimos nuevos métodos de identificación a través de ADN; creamos un Archivo Biográfico Familiar para preservar las historias de los desaparecidos, un área que acompaña a las personas con dudas sobre su origen, un Centro de Atención por el Derecho a la Identidad...

Párrafo aparte merece la política comunicacional de nuestra institución. Por un lado, nuestro objetivo es que se acerquen los nietos que estamos buscando. Y por otro, lograr la conciencia social sobre el delito de la apropiación y la necesidad de Memoria, Verdad y Justicia para asegurar la no repetición de los crímenes. Ha sido un trabajo de docencia, tejiendo redes, articulándonos, aprovechando espacios y generando nuestros propios medios.

Hoy nuestra experiencia, como la de tantas organizaciones hermanas, puede ser adaptada a las distintas realidades donde tristemente se siguen cometiendo crímenes gravísimos.

El panorama en la región no es alentador. El triunfo en Brasil de un candidato de ultraderecha ha sido un duro golpe. Se están afianzando regímenes que no ofrecen ninguna garantía a los más desposeídos y que cercenan nuestras democracias.

Son tiempos peligrosos y preocupantes. Debemos mantenernos alertas y firmes en nuestras convicciones, no podemos permitirnos retrocesos en derechos humanos. Por nuestros pueblos y por la memoria de nuestros hijos, seguiremos luchando. No estaremos solas. Somos millones las y los que queremos un mundo más justo, en paz, donde el amor le gane al odio.”   

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