(03/04/26 - Conficto Iraní)-.La aventura israeliestadounidense en Irán parece destinada al fracaso luego de que Donald Trump manifestó que evalúa retirarse de Irán sin reabrir el Estrecho de Ormuz lo que en la práctica sería un rotundo fracaso, dado que no solo no logró la reapertura del estratégico paso, sino que tampoco logró el cambio régimen anunciado ni disminuir la capacidad defensiva de la nación persa, pese a lo cual el aunció hizo crece la expectativa de desescalada. Según reveló The Wall Street Journal, el mandatario analiza poner fin a la ofensiva aun con el paso marítimo cerrado. Los mercados reaccionaron con subas en Asia y caída del petróleo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evalúa un giro estratégico en el conflicto con Irán: poner fin a la campaña militar aun sin garantizar la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global.
La información, publicada por The Wall Street Journal, señala que el mandatario transmitió a sus asesores su disposición a cerrar la operación incluso si el paso marítimo continúa bajo control iraní. La posibilidad de una desescalada impactó de inmediato en los mercados: las bolsas asiáticas moderaron pérdidas y el precio del petróleo retrocedió.
En paralelo, Trump reforzó esa línea con un mensaje en redes sociales: “Todos esos países que no pueden conseguir combustible para sus aviones debido al estrecho de Ormuz (…) tomen coraje, vayan al Estrecho y tómenlo”. La declaración contrastó con su postura previa, cuando había advertido: “Si el estrecho de Ormuz no queda inmediatamente ‘abierto para negocios’, concluiremos nuestra encantadora ‘estadía’ en Irán volando y destruyendo por completo todas sus centrales eléctricas…”.
Según funcionarios citados por el diario, forzar la reapertura del estrecho implicaría extender la guerra entre cuatro y seis semanas, con riesgo de una ofensiva terrestre. Actualmente, el Pentágono mantiene unos 50.000 efectivos desplegados en la región, con capacidad de intervenir en puntos estratégicos como la isla de Kharg.
La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, iniciada el 28 de febrero, no logró los resultados rápidos que esperaba la Casa Blanca. La resistencia iraní, con ataques a bases y objetivos a miles de kilómetros, complejizó el escenario y elevó el costo político interno para Trump, en un año electoral.
Ante este panorama, la estrategia en evaluación apunta a cumplir objetivos más acotados: debilitar la capacidad naval iraní, reducir su arsenal de misiles y contener la escalada, mientras se impulsa una salida diplomática. Si ese camino fracasa, Washington buscaría que aliados europeos y del Golfo lideren la reapertura del paso marítimo.
Expertos advierten sobre los riesgos de una retirada sin resolver el bloqueo. Suzanne Maloney calificó esa opción como “increíblemente irresponsable” y subrayó: “Los mercados energéticos son inherentemente globales, y no existe posibilidad de aislar a Estados Unidos del daño económico”.
En el plano diplomático, Trump afirmó días atrás que existen contactos indirectos con un “nuevo régimen” iraní a través de Pakistán. Sin embargo, el vocero iraní Esmaeil Baquaei lo desmintió de forma tajante: “No hemos mantenido ninguna negociación con Estados Unidos en estos 31 días”, y calificó las propuestas como “excesivas, poco realistas e inaceptables”.
Mientras tanto, Washington mantiene abiertas otras opciones. En los últimos días se reforzó la presencia militar con el despliegue del USS Tripoli, unidades de Marines y tropas aerotransportadas. No obstante, desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt sostuvo que el objetivo central sigue siendo debilitar capacidades militares iraníes, sin colocar la reapertura del estrecho como prioridad inmediata.

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