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Continúa abierta hasta el 30 de abril la inscripción al programa Jóvenes y Memori

(13/04/20 - Memoria, Verdad y Justicia)-.A raíz de la emergencia sanitaria y las medidas tomadas para prevenir la propagación del contagio del Covid-19, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) extendió la inscripción para participar de Jóvenes y Memoria. 

Se trata de la 19° convocatoria del programa que continúa reuniendo  a miles y miles de participantes cada año. Lo inédito de la situación, obliga a repensar las lógicas de trabajo pero con el compromiso de sostener un espacio de encuentro para reflexionar sobre la historia y el presente de los barrios, pueblos y ciudades desde una perspectiva en derechos humanos. 

Mientras tanto, más de 170 educadores se sumaron al voluntariado docente que se lanzó a principio de año y más de 300 jóvenes se inscribieron por primera vez al voluntariado del programa.

A partir de la emergencia sanitaria y las medidas tomadas por el gobierno nacional y provincial, que incluyen el aislamiento social, preventivo y obligatorio y la suspensión de clases, la inscripción a la 19° convocatoria de Jóvenes y Memoria, que estaba previsto cerrara el 13 de abril,  se extendió hasta el 30 de este mes.

Hasta ese día escuelas secundarias y organizaciones políticas, sociales y culturales podrán inscribirse sin la necesidad de presentar el anteproyecto de investigación. “La situación excepcional que estamos atravesando imposibilitó que muchos grupos puedan reunirse para pensar la investigación, incluso para definir un tema de investigación. Y también nos obligó a repensar los tiempos e instancias del programa. Lo importante hoy es tener la certeza de que Jóvenes y Memoria sigue, que la inscripción sea la expresión del deseo y voluntad de participar de esta experiencia”, explica la directora del programa María Elena Saraví.

Como ocurre desde hace 19 años, el programa de la CPM reúne a miles y miles de jóvenes bajo la propuesta pedagógica de realizar una investigación que, desde una perspectiva en derechos humanos y con anclaje local, reflexione sobre las memorias del pasado y los problemas del presente.

Una vez que termine la inscripción, desde el programa se realizarán distintas propuestas de trabajo para acompañar el desarrollo de cada investigación, en la instancia del proyecto que cada grupo se encuentre.

“Jóvenes y Memoria siempre fue una espacio atravesado por la contingencia del momento y un espacio que habilita las discusiones sobre el presente. En ese sentido, la pandemia permitió la emergencia de realidades, vulnerabilidades y condicionamientos que forman parte de nuestra realidad y creemos entonces, por experiencia de tantos años, que el programa es un lugar para pensar cómo esta eventualidad impactó en las escuelas y barrios que habitamos”, destaca Saraví.

“En Tres de Febrero, hay zonas muy cercanas al arroyo en condiciones habitacionales muy precarias, en Fuerte Apache que es un barrio de trabajadores y trabajadora de la economía informal también se siente de otra manera. Y, en ese contexto, tenemos escuelas abocadas al reparto de comida y vianda para intentar paliar un poco el hambre. Será interesante, cuando esto pase, discutir esto porque, la verdad, no sabemos cómo repercutirá en la vida de los barrios”, agrega Mario Epsztein, uno de los más de 170 educadores que se sumaron al voluntariado docente del programa.

“La pandemia nos puso en una situación de vulnerabilidad, a algunos mucho más porque también la pandemia catalizó las profundas desigualdades. Cuando el miedo y la incertidumbre de hoy pasen, tendremos que discutir el sentido de justicia en nuestra sociedad. Y si algo tiene Jóvenes y Memoria es que siempre aportó a las discusiones de cada tiempo”, resume Claudia Argento, docente de Pergamino que será parte también de la primera experiencia del voluntariado docente.

Multiplicar Jóvenes y Memoria en los territorios
En el 2008 la CPM creó el Voluntariado de Jóvenes y Memoria como un espacio de formación y militancia en derechos humanos que acompaña, durante todo el año, el trabajo del programa mediante talleres, actividades de formación y actividades de difusión. En su mayoría, pero no todos, participan jóvenes que pasaron por la experiencia como estudiantes y, año a año, la inscripción se renueva. Este año se sumaron 310.

Mientras se espera el cierre de la 19° convocatoria, en estos días los nuevos y nuevas integrantes del voluntariado se reunieron, a través de conferencias virtuales, para conocerse, para contar sus recorridos y también para pensar el programa en este contexto de pandemia.

“Sabemos que, a pesar de atravesar algunos años difíciles, Jóvenes y Memoria siempre se mantuvo y siempre fue un espacio de contención y de escucha para los pibes y pibas, y también de formación y aprendizaje”, dice Luciano que participó del programa en cuatro ocasiones, la primera en 2012, la última en 2018 con la agrupación Kolina.

“Para quienes somos militantes, la participación en el programa también nos construye en la militancia, porque nos hace construir desde la experiencia, repensando cada contexto que atraviesa nuestras vidas”, agrega.

Florencia es otra de las jóvenes que se sumó por primera vez al voluntariado, es estudiante de medicina y participó del programa como coordinadora de una organización en 2014. Desde ese momento, quiso volver pero no encontró tiempo para hacerlo. “Siempre me quedó pendiente participar de este lugar”, dice. Y explica: “Chapa cambia la forma de ver la historia personal de cada une, ver que les jóvenes compartimos un montón de preocupaciones que nos atraviesan y que encontramos, en esta experiencia, un espacio para formarnos en conjunto con el otre”.

La acumulación de experiencias durante estos casi 20 años fortaleció una práctica pedagógica inédita y producido experiencias muy valiosas para los trabajos de memoria y derechos humanos. “Desde el principio hasta el día de hoy, Jóvenes y Memoria me atravesó en muchos sentidos personalmente y como educador me hizo encontrar posibilidades y formas de trabajo en las escuelas que yo no lo hubiera creído hace ocho años. Este programa es maravilloso, se me ocurre que debe ser único en el mundo”, sintetiza Mario Epsztein.

Desde el primer encuentro en el 2002, más de 18 mil docentes participaron del programa, fueron una pieza central de este encuentro. Con el objetivo de consolidar las redes y los recursos que constituyeron los equipos de trabajo en cada distrito a lo largo del tiempo, la CPM presentó este año el voluntariado para docentes con trayectoria en Jóvenes y Memoria. La respuesta a este proyecto fue inmediata: más de 170 educadores ya se anotaron.

“Tengo 71 años y no concibo la idea que, cerca de fin de año, no esté preparándome para ir al encuentro en Chapadmalal”, cuenta Mario que fue por primera vez en 2012. “Siempre asumiendo el desafío de buscar los temas de la comunidad, animando que la gente se acerque y multiplicando el programa con otros profes. Por eso cuando aparece este voluntariado no tuve duda de anotarme”, agrega.

Claudia Argento fue al primer encuentro de Jóvenes y Memoria en 2002 con un grupo del colegio nacional de Pergamino, luego participó durante 13 años consecutivos hasta que se jubiló. “Y cada año decía este es el último, pero no podemos dejarlo, es tanto lo que aprendí en esos años que siempre sentí la necesidad de compartirlo”.

Claudia también señala la importancia que tuvo el programa en la ciudad: “Aportó mucho en los temas de memoria, hubo un antes y un después en Pergamino desde que empezamos a socializar estas investigaciones e, incluso, permitió que los familiares de los desaparecidos también pudieran hablar más”.

En el momento de la jubilación como docente de Claudia Argento coincidió, casi simultáneamente, con otro hecho de gran conmoción social: la masacre de la comisaría 1° de Pergamino. El 2 de marzo de 2017, siete jóvenes murieron quemados y asfixiados en un calabozo de la dependencia ante la pasividad de los agentes policiales que, en ningún momento, intentaron apagar el fuego ni rescatarlos. En diciembre pasado, seis policías fueron condenados con penas entre 8 y 15 años. En esa misma dependencia había funcionado, durante la última dictadura militar, un centro clandestino de detención. Hoy es sitio de memoria.

“Me sumé en el primer momento al colectivo de justicia por los 7 y eso también tiene que ver con Jóvenes y Memoria. A mí me marcó en lo personal, sin ese compromiso por los derechos humanos, que fuimos construyendo en los años del programa, yo no estaría en este colectivo”, afirma Claudia.

Para las y los docentes que tienen un largo recorrido en Jóvenes y Memoria, que se fueron convirtiendo en referencias del programa en las localidades, el voluntariado es un espacio para fortalecer la intervención territorial y multiplicar la experiencia del programa, y para pensar y compartir estrategias de trabajo en materia de educación en memoria y derechos humanos.

“A veces podemos trabajar mejor, otras un poco peor, y este año también será difícil pero seguimos apostando a este espacio porque sabemos cuál es el camino”, cierra Mario Epsztein.

Con la esperanza de encontrarse en Chapa como cada año. Jóvenes y Memoria sigue, también en tiempos de pandemia.

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