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Adios a un imprescindible, se fue Antonio Puigjané

(28/08/19 - Sociedad)-.Quienes lo conocimos no pudimos menos que amarlo, quienes tuvimos la suerte de tratarlo, aunque sea un poco rato, mucho más.

Al referirme al Padre Antonio no puedo definirlo de otra manera que como un Imprescindible; un hombre que como el Che vivió su vida de acuerdo a lo que predicaba.

Mi primer noticia de él fue un reportaje en la Revista Humor Registrado, no recuerdo demasiado de ella, pero si una anécdota recordando porque había sido expulsado de una parroquia en Córdoba.

Allí, como por casualidad, recordó aquellas palabras de Jesús que rezaban que quien tiene dos pares de zapatos, mientras haya un hermano descalzo, es un ladrón.

Caía bien el tipo, si casi no parecía un cura, después la vida me llevó a conocer cosas y más cosas de él, hasta hace unos años, cuando compartí una charla, mate de por medio en CABA, no recuerdo el tema de la misma, solo que lo acompañaba un hermano del Che, si recuerdo ese entusiasmo por la vida, que desde su silla de ruedas, y ya consumido por la vida, irradiaba.

Ni siquiera la injusta prisión por muertes que no había provocado lograron quitarle ese optimismo militante, esa convicción de que nunca se está totalmente vencido, tan distinta del mensaje de alegría permanente del idiota.

Ayer al mediodía, en la iglesia de Pompeya donde vivía, su corazón dejó de latir.

Su muerte se lleva un pedazo grande de la historia militante del último medio siglo argentino y quizás un poco más y nos deja a todos los que lo amamos con esa sensación indescriptible que mezcla un vacío enorme con una sensación infinita de orfandad.

“Un oído en el pueblo y otro en los Evangelios, eso lo aprendí de Monseñor Angelelli” solía decir El Padre Antonio.

¡Hasta la Victoria Siempre Che Antonio! seguro que a la vuelta de la vida nos vamos a encontrar, hablar de Pueblos Libres y tomar unos mates.

Quién era el Padre Antonio
Fraile capuchino, ingresó a la orden en 1940. En 1949 hizo sus primeros votos, hasta que se ordenó en 1952. Entre 1969 y 1972 realizó su servicio pastoral en barrios carenciados de la ciudad de Mar del Plata, hasta que fue removido por Monseñor Plaza. 

Continuó con su tarea en Anillaco, La Rioja, junto al Monseñor Enrique Angelelli, hasta que fue asesinado el 4 de agosto de 1976. En ese momento se trasladó a la villa Nuestra Señora de Iratí, en Quilmes Oeste, Provincia de Buenos Aires, donde permaneció hasta 1989. Fue miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) desde su fundación hasta 1976.

Es hijo de Juan Daniel Puigjané, secuestrado y desaparecido en el barrio de Caballito, Buenos Aires, el 8 de septiembre de 1972. 

A mediados de 1986 se integró al Movimiento Todos por la Patria (MTP). Tras el ataque al cuartel de La Tablada, el 23 de enero de 1989, se presentó espontáneamente en el juzgado y quedó detenido, aunque no había sido parte del ataque. 

Estuvo preso en la cárcel de Caseros, hasta que en 1998 cumplió 70 años y pasó al régimen de prisión domiciliaria. 

En 2002 fue indultado por el gobierno de Eduardo Duhalde. 

A partir de ese momento y hasta la actualidad vivió en la Parroquia de Nueva Pompeya.

El hasta siempre de un militante a un cura militante
Ricardo Arriagada, un militante peronista, le dedica sus palabras a Puigjané en sus más de ocho décadas en esta tierra, de las que encarcelado llevó dos. Antonio

Nos cruzamos un par de veces, hace mucho tiempo, no recuerdo bien dónde y supongo que no importa. 

Recuerda Arriagada: “El tipo lucía esa sonrisa que te hacía avergonzar por tu pesimismo, tus resacas, tus malos pensamientos, tu lascivia. Supe que dio misa para las viejas durante la dictadura y que alguna vez estuvo guardado en capillas de Mar del Plata. Él era cura y de izquierda, yo ateo y peronista, imagínese usted. Pero coincidíamos en el apoyo a cubanos y nicaragüenses.

Muy bien, después del 83 siguió metiéndose en camisa de once varas y allá por 1986 u 87 (no recuerdo bien) participó en la creación de la revista Entre Todos y luego se sumó al Movimiento Todos por la Patria. Debido a los hechos ocurridos en La Tablada fue condenado por 11 homicidios consumados y 12 en grado de tentativa, él, que no sabía manejar un arma. 

Le tiraron 20 años por la cabeza. Y sí, cuando escuché la sentencia, recordé aquella sonrisa y puteé a dios (usted perdone, Antonio) y a esa ley que no sé por qué llamamos “justicia”. Pero en algún momento – quizás evaluando el absurdo de su detención – le dieron domiciliaria y entonces fue recibido por su orden, los capuchinos. 

Supongo que algún superior lo habrá reconvenido pero también supongo que lo habrán recibido con alegría, tan bella persona como era. Pues bien, acá me dicen que acaba de morir. Supongo que ya andaría cerca de los 80 años pero hubiera estado muy bien que se muriera a los 120, digo yo. 

Miro por la ventana unas chicas que pasan en patines y seguramente ignoran quién era Antonio, así como mi vecina ignora quién era y el cartonero también ignora quién era. Este es un país complicado.

Dios te bendiga, Antonio. Te lo digo yo, que cuando parte gente como vos me gusta pensar que Dios existe”

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