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Una ciudad perdida en la Amazonia transformó los bosques de Ecuador

agosto 30, 2025
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(30/08/25 - Arqueología)-.¿Una nueva civilización olvidada? Durante décadas, los bosques de la Amazonia ecuatoriana fueron considerados vírgenes, jamás tocados por la mano de los seres humanos y ocultando misterios abrumadores. Pero una investigación internacional publicada en la revista Nature Communications nos saca de este error: existió una antigua civilización amazónica que transformó profundamente el paisaje en el valle del río Upano, en el oriente de Ecuador.

Un nuevo estudio revela que los exuberantes bosques del este ecuatoriano son herencia viva de una civilización olvidada hace más de mil años. El estudio desmonta la idea de una Amazonia prístina sin impacto humano: existió una megaciudad precolombina en la selva ecuatoriana.

Una ciudad perdida bajo la selva

Los investigadores, liderados por el paleoecólogo Mark Bush de Florida Tech y la experta en ecología histórica Crystal McMichael de la Universidad de Ámsterdam, han utilizado análisis de microfósiles extraídos del fondo del lago Cormorán (perforaron hasta casi 6 metros) para reconstruir con precisión 2.700 años de historia ecológica de la región. El resultado es una ciudad perdida que plantó alisos y cultivó maíz durante más de 1.200 años. Pero hay más.

Gracias a la tecnología LIDAR (Light Detection and Ranging) los arqueólogos lograron “desnudar” el dosel selvático en la región del valle del Upano y descubrieron lo que antes creíamos imposible: una red urbana de más de 300 km² con miles de montículos, caminos, canales y plazas ceremoniales. Una auténtica civilización urbana en pleno Amazonas.

Un nivel de ingeniería increíble

Esta urbe, que algunos llaman ya el “Machu Picchu de la Amazonia”, contaba con calles de hasta 15 metros de ancho, plataformas rectangulares, campos elevados y sistemas de control de aguas. Estos sistemas se habían desarrollado para hacer frente a las inundaciones, que ocurrían con carácter anual y que inundaban unos 100 km de sabana. Tenían canales, calzadas y brechas en los terraplenes para recolectar fácilmente los peces que quedaran atrapados. Un nivel de ingeniería inusitado.

“Nuestros datos respaldan la interpretación arqueológica de un pico en los impactos de la ocupación Upano entre c. 500 a. C. y 200 d. C., pero ofrecen perspectivas adicionales sobre las ocupaciones humanas pasadas de los bosques nubosos de elevación media en las laderas orientales de los Andes. La primera es que la escala de la ocupación Upano fue mayor que la sugerida por los datos LIDAR actuales, y que sus pobladores ejercieron fuertes modificaciones del paisaje hasta 10 km más allá del complejo de montículos conocido”, aclaran los autores.

Agricultura avanzada y silvicultura

El análisis de sedimentos del lago Cormorán ha desvelado que los antiguos habitantes del Upano no eran simples agricultores itinerantes. Desde aproximadamente el año 570 a.C., cultivaban maíz, yuca, judías, calabaza y batata, pero también practicaban la silvicultura planificada a tenor de las charcas estratégicamente dispuestas en los terraplenes.

También encontraron en los sedimentos una gran abundancia de polen de aliso, lo que sugiere que fue gestionado activamente por esta civilización para sostener una agricultura intensiva y sostenible. El pueblo Upano incluso empleó técnicas mixtas como la roza, la quema o el cultivo en campos elevados, lo que indica un profundo conocimiento del entorno.

¿Qué pasó con esta ciudad perdida?

¿Desapareció abruptamente? El estudio desmonta esta hipótesis, ya que no hay evidencia de una capa significativa de cenizas volcánicas alrededor del año 550 d.C., fecha en la que se creía ocurrió el colapso. Los datos muestran que se retiraron de forma progresiva mientras que aumentan los indicadores de regeneración forestal. No fue un apocalipsis repentino, sino un lento adiós.

Contaron con un segundo período de ocupación entre 1500 y 1800 d.C., y después de eso, la zona fue abandonada definitivamente, apuntan los investigadores. Fue entonces cuando la selva comenzó su recuperación, aunque jamás volvió a su estado original. Lo que actualmente denominamos “bosque virgen” no es más que un ecosistema relativamente joven (de unos 150 años), que creció sobre las ruinas, caminos, campos y templos de una civilización desaparecida.

Descubrieron Sak-Bahlán, la 'Tierra del Jaguar Blanco', en las profundidades de la selva chiapaneca

agosto 10, 2025
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(10/08/25 - Arqueología)-.En lo más profundo de la selva tropical de Chiapas (México), en la Reserva de la Biosfera Montes Azules, un equipo dirigido por los arqueólogos Brent Woodfill, de la Universidad de Winthrop (Estados Unidos), y Yuko Shiratori, de la Universidad de Rissho (Japón). cree haber redescubierto la ciudad perdida de Sak-Bahlán, conocida como la "Tierra del Jaguar Blanco" tras permanecer oculta durante más de 300 años.

Según los investigadores, el hallazgo del refugio final de los últimos rebeldes mayas lacandones que resistieron el embate de los conquistadores durante más de un siglo arrojará nueva luz acerca de los lacandones-ch'olti'es, considerados por los historiadores como los últimos mayas rebeldes de Chiapas, que se mantuvieron independientes durante 110 años después de que su capital, Lacam-Tún (Gran Peñón), fuera conquistada por los españoles en 1586.

Este descubrimiento no hubiera sido posible sin la ayuda del investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Josuhé Lozada Toledo, quien desarrolló un modelo predictivo mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG). Lozada basó sus cálculos en registros históricos, más concretamente en las cartas del siglo XVII en las que el fraile español Diego de Rivas describía la ruta de ida y vuelta a Sak-Bahlán en la década de 1690.

Un descubrimiento con grandes implicaciones

Los escritos de De Rivas detallan una travesía de cuatro días a pie, seguida de dos días en canoa por el río Lacantún, hasta llegar a la confluencia con el río Pasión. Para reconstruir este recorrido con el sistema ArcGIS Pro (un software de mapeo profesional), Lozada introdujo diversas variables como el terreno, los ríos, la vegetación e incluso la carga que podían transportar cada uno de los miembros de la expedición, para buscar una zona lo más acertada posible.

El trabajo de campo empezó cerca de los ríos Jataté e Ixcán, en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Montes Azules, cerca de la actual frontera entre México y Guatemala. Gracias al uso de internet satelital y diversas herramientas de última generación, el equipo localizó los restos de estructuras que concuerdan con el estilo de construcción maya y los registros coloniales de Sak-Bahlán.

"Fue la experiencia de campo más agotadora de mi carrera, pero al final encontramos las evidencias arqueológicas justo donde predecía el modelo informático", declaró un exultante Lozada.

El sitio ha sido registrado en el Registro Nacional de Monumentos Arqueológicos e Históricos de México como "Sol y Paraíso. Probablemente Sak-Bahlán", lo que demuestra su gran importancia para la investigación arqueológica.

El equipo ya ha completado dos temporadas de campo, mapeando el sitio y realizando excavaciones preliminares para determinar su período de ocupación. Los arqueólogos están convencidos de que "este descubrimiento tiene profundas implicaciones para comprender la resistencia maya, la supervivencia indígena y la dinámica posconquista en la Mesoamérica colonial".

Por su parte, el historiador belga Jan de Vos, que intentó localizar Sak-Bahlán en una expedición fallida en 1999, ya contó en una de sus obras que en 1769, el alcalde mayor de Suchitepéquez, Guatemala, emprendió una búsqueda de los últimos pobladores de Sak-Bahlán y "encontró en un barrio abandonado del pueblo de Santa Catarina Retalhuleu a los últimos tres sobrevivientes de la tribu que un día había sido terror de los indios cristianos y pesadilla del gobierno español".

Perú presentó Peñico ante el mundo, una joya arqueológica con más de 3.800 años de antigüedad

julio 23, 2025
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(23/07/25 - Arqueología)-.La idea de que las civilizaciones precolombinas eran inmutables estuvo arraigada durante décadas en el imaginario colectivo, especialmente en Estados Unidos y Europa. Erróneamente, se creía que los pueblos indígenas de América eran reducidos, nómadas, poco interesados en alterar su paisaje para obtener beneficios y "culturalmente atrasados", señalaba, por ejemplo, el antropólogo Allan R. Holmberg en uno de sus estudios. 

Sin embargo, nada más lejos de la realidad: a lo largo y ancho del continente, la arqueología moderna se ha encargado de desmontar este mito y demostrar que, antes de la llegada de los europeos, allí existían sociedades complejas, con sistemas agrícolas y arquitectónicos avanzados y con conocimientos amplios en ecología, astronomía o matemática. Una de ellas fue la de Peñico, ubicada en la provincia de Huaura, en la región de Lima (Perú).

Este lugar floreció entre los años 1800 y 1500 a.C., al mismo tiempo que lo hacían las primeras civilizaciones en Oriente Medio y Asia. Ubicado a tan solo 12 kilómetros del sitio arqueológico de Caral, el Peñico ahora es noticia porque, tras ocho años de trabajo en el yacimiento —llevado a cabo por un grupo formado en su 80% por habitantes locales—, por fin abre sus puertas: a partir del 12 de julio de 2025, se podrá conocer en primera persona la historia de este antiguo centro urbano que tiene mucho que mostrar al mundo.

El Peñico: un punto de conexión entre la costa y la sierra

La ubicación de Peñico no fue elegida al azar. Esta ciudad fundada hace 3.800 años se construyó a 600 metros sobre el nivel del mar, en una terraza geológica cercana al río Supe y rodeada por montañas que pueden alcanzar los 1.000 metros de altura, por buenos motivos: "Realzar la monumentalidad de sus edificaciones, protegerse de las inundaciones, deslizamientos, y promover la interacción y el intercambio", indica el Ministerio de Cultura de Perú.

Este último aspecto es el que ha bautizado al Peñico como ciudad de la integración social: “Se desarrolló siguiendo la tradición cultural de Caral. Por su ubicación estratégica, articuló a poblados de la costa y la sierra de Supe y Huaura, así como a los que vivían en el territorio andino-amazónico, el espacio altoandino de la región”, señaló la arqueóloga Shady Solís.

Una ciudad con creencias, agricultura y comercio

Entre las construcciones monumentales del centro, destaca uno denominado "B2": según las investigaciones, este habría sido el más importante de Peñico, donde se realizaban las principales actividades administrativas e ideológicas. De ello da cuenta la presencia de relieves y diseños de pututus, un instrumento musical que, en las sociedades andinas, se utilizaba para reunir a la gente o para anunciar acontecimientos.

Con respecto a la relevancia de Peñico en las sociedades del valle del Supe, los expertos han sugerido que su florecimiento habría sido posterior a la pérdida de prestigio de la Ciudad Sagrada de Caral, y que los pobladores habrían aprovechado las dinámicas económicas y las redes de interacción social ya consolidadas en períodos anteriores para alcanzar su propio prestigio. 

Los estudios también han revelado que esta ciudad se abastecía a través de una sofisticada agricultura de regadío, además de obtener bienes mediante el comercio: su principal recurso de intercambio, de acuerdo con las hipótesis, habría sido la hematita, un mineral con "alta importancia simbólica dentro de la cosmología andina", señalan los expertos. 

Una inauguración a la altura de su historia

La inauguración de Peñico promete rendir homenaje a la cultura e historia de este antiguo centro urbano: el 12 de julio, bajo la supervisión y administración de la Zona Arqueológica de Caral, se organizará el primer Peñico Raymi, una fiesta tradicional de los pueblos andinos que incluirá ceremonias a la Pachamama y un festival artístico, entre otras actividades.

De esta forma, el Ministerio de Cultura busca no solo dar a conocer al mundo la fascinante ciudad, sino también reconocer a la población local por su implicación en las investigaciones, claves para reconstruir la milenaria historia de Perú.

Expertos en arqueología confirman la existencia de una avanzada civilización marítima en el Pacífico

junio 29, 2025
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(29/06/25 - Arqueología)-.La arqueología revela una civilización marítima en Filipinas, de más de 35.000 años, con avanzados conocimientos de navegación y un impacto crucial en la migración humana.

Las revelaciones de la arqueología continúan deslumbrando. Investigadores de la Universidad Ateneo de Manila han encontrado evidencia concluyente que respalda la existencia de una antigua civilización marítima en el Pacífico, específicamente en Filipinas, con una antigüedad superior a los 35.000 años.

Según un estudio publicado en la revista Archaeological Research in Asia, los primeros habitantes del archipiélago poseían avanzados conocimientos de navegación, desempeñando un papel clave en los procesos migratorios humanos a gran escala.

Las investigaciones de arqueología en cuevas y refugios rocosos de Mindoro (isla de Filipinas) tienen un impacto significativo para comprender la historia de los primeros humanos modernos (AMH) en esta parte del mundo. Estos estudios han demostrado que Filipinas fue habitada hace más de 35.000 años por grupos que lograron adaptarse a entornos insulares, desarrollaron avanzadas técnicas de navegación y desempeñaron un papel crucial en las migraciones humanas.

Sitios clave como las cuevas de Bubog y Bilat han aportado evidencia valiosa sobre cómo estas poblaciones enfrentaron cambios climáticos y ambientales. Así mismo, los expertos en arqueología confimaron que la navegación avanzada sugieren que estas poblaciones no solo se adaptaron a la vida insular, sino que también establecieron conexiones entre islas, facilitando las migraciones humanas a gran escala en el sudeste asiático.

Importancia de esta civilización para la arqueología

Los hallazgos demuestran un nivel de organización y tecnología que desafía las ideas convencionales sobre las capacidades de los primeros humanos.

Estos estudios también destacan la importancia de la arqueología interdisciplinaria, integrando análisis de restos biológicos, herramientas y dataciones para construir una imagen completa de la vida prehistórica. La investigación en Filipinas llena importantes vacíos en la historia de la región Wallaceana, proporcionando un contexto más amplio sobre la dispersión de los Homo sapiens y su interacción con los entornos insulares.


Descubrieron en Bolivia una civilización perdida más antigua que la incaica

junio 26, 2025
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(26/06/25 - Arqueología)-.Bolivia vuelve a dar una sorpresa arqueológica al mundo. Un equipo internacional encontró un templo monumental de la civilización Tiwanaku en Palaspata, un lugar que parecía cualquier cosa menos importante pero que guardaba secretos enterrados durante más de mil años. Este descubrimiento hizo eco en la prensa internacional por su importancia.

Este descubrimiento muestra que el Estado Tiwanaku se expandió mucho más de lo que sabíamos, una cultura que dominó los Andes mucho antes de que llegaran los incas. El templo, ubicado a 215 kilómetros del centro ceremonial principal, muestra que esta civilización llegó mucho más lejos de lo que pensábamos.
El descubrimiento que nadie debía hallar

La arqueología moderna se encontró con la casualidad para revelar este tesoro histórico. Todo empezó cuando las autoridades bolivianas decidieron ampliar una carretera nacional en el municipio de Caracollo. Los estudios de impacto ambiental obligatorios detectaron estructuras raras bajo la tierra polvorienta, algo que los habitantes locales ya sabían pero que nunca había llamado la atención de los investigadores.

José M. Capriles y su equipo internacional documentaron paso a paso lo que encontraron: un complejo rectangular de 145 por 125 metros con 15 módulos distribuidos alrededor de un patio central. Las piedras talladas de arenisca roja y cuarzo blanco confirman que estamos ante una construcción típicamente Tiwanaku, parecida al famoso templo Kalasasaya del núcleo principal.
El área en el que se realizó el descubrimiento es parte de lo que lo hace tan importante: muy cerca de las rutas principales del comercio andino.

El área en el que se realizó el descubrimiento es parte de lo que lo hace tan importante: muy cerca de las rutas principales del comercio andino.

La arqueología boliviana suma otro capítulo extraordinario a su rica historia. Las excavaciones revelaron fragmentos de cerámica fina, copas para beber chicha, herramientas líticas y huesos de camélidos que hablan de un lugar activo y próspero. Durante siglos, este sitio funcionó como mucho más que un simple templo: era un centro neurálgico de poder político y económico.

Palaspata conectaba tres ecosistemas diferentes: los valles de Cochabamba, el altiplano árido y las tierras agrícolas del lago Titicaca. Esta ubicación no fue casualidad. Los Tiwanaku eligieron este lugar porque desde ahí podían controlar el flujo de productos entre regiones, desde maíz hasta plantas rituales y minerales preciosos.


Cuando Bolivia controlaba las rutas comerciales

La magnitud del descubrimiento obliga a repensar cómo funcionaba realmente el Estado Tiwanaku. Construir un templo de estas dimensiones necesitaba una inversión estatal enorme, algo que comunidades locales independientes jamás habrían podido pagar. Estamos hablando de una planificación centralizada que demuestra el poder real de esta civilización.
El templo recuerda una época de mucho poder en Bolivia.

El templo recuerda una época de mucho poder en Bolivia.

Los investigadores creen que Palaspata funcionó como una "puerta ceremonial" entre el altiplano occidental y los valles interandinos. Aquí llegaban caravanas de llamas cargadas con productos de diferentes regiones, y desde aquí se redistribuían hacia el corazón del imperio Tiwanaku. La función era tanto religiosa como logística, una combinación que caracterizaba a las grandes culturas andinas.

Bolivia conserva en Palaspata evidencias de un sistema político sofisticado que existió varios siglos antes que los incas. Las dataciones por radiocarbono sitúan la ocupación del sitio entre los años 630 y 950 d.C., exactamente durante el período de máxima expansión Tiwanaku. Esto confirma que no estamos ante una presencia ocasional, sino ante una colonización planificada y sistemática.

Sorprende a los arqueólogos el hallazgo de tres ciudades ocultas del mundo maya de 3.000 años de antigüedad

junio 24, 2025
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(24/06/25 - Arqueología)-.La civilización maya existió desde el periodo Preclásico (aproximadamente 2000 a.C. – 250 d.C.) hasta el Posclásico (900 d.C. – 1524 d.C.), cuando comenzó la conquista española. Se sabe cómo se organizaban, qué construían, cómo concebían el tiempo o el poder. Pero en el mundo de la arqueología, surgen piezas que cambian todo.

Ahora, un equipo de arqueólogos del Proyecto Arqueológico Uaxactún (PARU) ha descubierto tres ciudades mayas que llevaban siglos ocultas en el corazón selvático del norte de Petén, Guatemala. Están situadas en forma de triángulo y separadas por cinco kilómetros, como si hubiesen sido planificadas en conjunto. Cada una aporta una visión distinta del mundo maya: la ceremonia, el poder y la ingeniería.

El descubrimiento lo dio a conocer el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala en un comunicado publicado el 30 de mayo. La noticia se hizo pública en una rueda de prensa celebrada en el Palacio Nacional de la Cultura, con la presencia del arqueólogo Milan Kovac y la doctora Dora García, principales responsables del proyecto.

Las ciudades fueron identificadas gracias a una colaboración entre expertos guatemaltecos y eslovacos, respaldados por la Universidad Comenius, con sede en Bratislava. El proyecto PARU, activo desde 2009, ha logrado registrar hasta ahora 176 sitios arqueológicos en una extensión de más de 1.200 kilómetros cuadrados, aunque sólo unos 20 han sido excavados a fondo.
¿Cómo son las ciudades mayas que han descubierto?

La primera, Los Abuelos, es probablemente la más significativa. Su nombre proviene de dos esculturas antropomorfas halladas en el sitio, una masculina y otra femenina, interpretadas como representaciones ancestrales.

Esta ciudad tiene un conjunto arquitectónico tipo «Grupo E», diseñado con precisión para seguir los solsticios y equinoccios. Este sistema, usado como observatorio astronómico, podría ser anterior al famoso de Uaxactún. Cerca de las esculturas, los arqueólogos encontraron un entierro humano acompañado por restos de dos felinos, cerámica, conchas marinas y una estela tallada aún por descifrar.

La segunda ciudad, Petnal, parece haber sido un centro político. Lo sugiere su pirámide de 33 metros de altura, en cuya cima sobrevive una habitación con restos de murales en tonos rojo, blanco y negro. Allí también apareció un altar con forma de rana, figura simbólica de fertilidad y renacimiento en la cosmología maya.

La tercera ciudad, Cambrayal, muestra una planificación hidráulica que no se había documentado con este nivel de detalle en otras ciudades del área. Desde la parte alta de un palacio, parte una red de canales revestidos en estuco que, según los investigadores, funcionaban como desagües. También se halló allí una escultura del tipo «barrigón», muy característica de asentamientos de la Costa Sur.

El hallazgo de cerámica cobra aún más valor en una región marcada por el saqueo. Estas piezas pueden servir para rastrear el origen de objetos repartidos por colecciones privadas y museos, y devolverles el contexto que habían perdido.

Cada una de estas ciudades comparte un patrón de ocupación, pues surgieron durante el Preclásico (1000 a.C. – 300 d.C.), fueron abandonadas durante siglos y luego repobladas en el Clásico Tardío (600 – 900 d.C.). Ese ciclo de abandono y renacimiento parece marcar la historia de muchos núcleos mayas.

junio 21, 2025
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(21/06/25 - Arqueología)-.En otoño de 2018, en las profundidades de un bosque de Ontario, en Canadá, un historiador local de la localidad de Wawa realizó un sorprendente descubrimiento: junto a un árbol caído, y bajo algunos centímetros de tierra, apareció una misteriosa piedra tallada de aproximadamente 1,2 x 1,5 metros que ahora se ha identificado como la inscripción rúnica más larga encontrada en Norteamérica y la única del mundo que contiene una oración completa del padrenuestro.

En la piedra se podían leer 255 runas dispuestas de forma rectangular y, junto a ellas, se había grabado una detallada representación de una barca con 16 figuras y catorce "X" talladas a su lado. Las imágenes del hallazgo llegaron a manos de Ryan Primrose y de David Gadzala, del Centro de Educación Arqueológica de Ontario (OCARE), que rápidamente llevaron a cabo un estudio preciso del lugar del descubrimiento.

Primrose y Gadzala han estado estudiando esta piedra tallada desde entonces, pero decidieron mantener el descubrimiento en secreto hasta que lograsen comprender mejor su significado y cómo se había realizado el grabado. "Sin duda es uno de los descubrimientos menos esperados de mi carrera. Es absolutamente fascinante. No queríamos publicar nada hasta haber llevado a cabo todos los análisis posibles", ha explicado Primrose.
son runas, pero No son vikingas

De hecho, Primrose identificó los caracteres de la piedra de Wawa como runas nórdicas del alfabeto Futhark, la forma más antigua del alfabeto rúnico que se usó en Escandinavia durante mucho tiempo. Pero, preocupado por la posibilidad de que el descubrimiento se malinterpretara como una reliquia vikinga, el investigador contactó con Henrik Williams, especialista en runas y profesor emérito de la Universidad de Uppsala, en Suecia.

"Cualquier inscripción rúnica es rara. Alguien dedicó mucho esfuerzo a este texto en particular y uno se pregunta por qué. El misterio no disminuye solo por su antigüedad", afirmó el runólogo tras su examen. 

La oración cristiana del padrenuestro aparece dos veces en el Nuevo Testamento. La primera, en Mateo 6:9-13 y la segunda, en Lucas 11:2-4. Curiosamente, la redacción de este padrenuestro rúnico coincide estrechamente con la versión de esta oración que era habitual en Suecia a partir del siglo XVI. 
Representación detallada de una barca con 16 figuras y catorce "X" talladas a su lado.

Lo que está claro es que el proceso de grabado de las runas en la piedra de Wawa debió de llevar días o tal vez semanas. Los investigadores especulan con que quizás el autor era alguien originario de Suecia, pero ¿había suecos en Ontario en esa época? La respuesta es que sí. Según Primrose, los registros históricos confirman que la Compañía de la Bahía de Hudson empleó a trabajadores suecos en el siglo XIX y, basándose en el desgaste del grabado y la documentación de la época, el investigador cree que la talla pudo haberse realizado a principios o mediados de ese siglo.

Así, a pesar de que los grabados tienen "solamente" doscientos años de antigüedad surgen varias preguntas que no hacen sino aumentar el misterio: ¿Por qué se talló precisamente aquí? y ¿por qué este texto en concreto? A día de hoy hay más preguntas que respuestas, pero Primrose especula con que el emplazamiento del hallazgo pudo haber sido un lugar donde se celebraban ceremonias religiosas y que esta talla, simplemente, pudo ser la obra de alguien muy devoto que la enterró de manera intencionada sin que podamos conocer su motivación.

herramientas de hace 100.000 años que revelan cómo cazaban los primeros humanos en la Península Ibérica

junio 16, 2025
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(16/06/25 - Arqueología)-.La zona de La Mancha es clave para entender cómo vivieron los humanos durante la Prehistoria, especialmente en el área del río Guadiana. Y es que en la región se han encontrado muchos instrumentos de piedra (sobre todo de cuarzo), que muestran cómo se adaptaban los grupos humanos para sobrevivir y cazar. El hallazgo en una cueva de Albalá (Ciudad Real) ofrece una de las pruebas más antiguas de la actividad humana en el interior de la península ibérica: herramientas líticas de para caza y procesamiento de alimentos.

En el corazón de la provincia de Ciudad Real la Cueva de los Toriles de Carrizosa ha sido el escenario de un importante descubrimiento prehistórico que revela que los humanos del Paleolítico Medio ya disponían de tecnología para obtener carne y manipular plantas. Las conclusiones del estudio, realizado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, se detallan en la revista Journal of Arqueological Science. Este yacimiento contribuye a reducir la brecha en la investigación paleolítica en el interior del centro-sur de la Península Ibérica, alzándose la provincia de Zaragoza como un enclave estratégico para la investigación prehistórica.

Ahora, la Cueva de los Toriles, en Ciudad Real, a pesar de haber sido alterada en épocas más recientes, representa un yacimiento excepcional porque ha conservado bastante bien muchas herramientas. Allí, el equipo de arqueólogos ha encontrado un arsenal de herramientas de piedra que se remontan al Pleistoceno Medio y que servían para manipular carne y vegetales, lo que sugiere que los grupos humanos de la época ya poseían un conocimiento avanzado de su entorno y una organización social compleja.

En esta cueva se han encontrado herramientas de distintos periodos, desde bifaces prehistóricos hasta cuchillas agrícolas de tiempos históricos, lo que muestra una ocupación humana continua durante miles de años. Esta cueva es el único sitio conocido en la zona con estratos bien conservados del Paleolítico Medio y se han hallado tanto herramientas tipo achelense como musteriense, y restos de animales, algo muy raro en yacimientos de esta región. Gracias a técnicas de datación con uranio/torio, se sabe que la cueva estuvo ocupada entre hace 180.000 y 28.000 años.

Las recientes identificaciones pasan por una variedad de utensilios de piedra, como lascas, raspadores y núcleos, que indican un uso especializado para la obtención de carne y la manipulación de recursos vegetales de los primeros pobladores de Ciudad Real.

Según los investigadores a cargo del estudio, la arqueóloga Sara Díaz Pérez y el paleoantropólogo Daniel García Martínez, la relevancia de los hallazgos radica en que permiten entender cómo estos primeros pobladores de la región se adaptaron a su entorno y emplearon herramientas para asegurar su supervivencia. “Nuestros antepasados ya contaban con habilidades complejas para garantizar su supervivencia en un entorno cambiante”, afirman los investigadores.

La Cueva de los Toriles queda confirmada como un auténtico tesoro arqueológico, una ventana fascinante al pasado que aporta nuevos datos sobre la evolución humana. Pero no solo esto. Aparte de confirmar la presencia de humanos al final del Neolítico, también hay evidencia de ocupaciones posteriores durante la época romana y la Edad Media, lo que indica que la cueva fue usada como refugio durante miles de años.

La importancia científica de este descubrimiento tiene una sombra larga y sólida, ya que ayuda a rellenar un vacío histórico y geográfico que demuestra que el centro-sur de la Península Ibérica también fue importante en la evolución humana y ofrece un escenario muy interesante para estudiar cómo vivían, cazaban y se adaptaban los humanos en el interior de la península ibérica durante el Pleistoceno.

 
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